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Domingo , 21.10.2018 / 12:05 Hoy

Doble fondo

Que no ejecuten hoy al alcalde de Huamuxtitlán...

Juan Pablo Becerra-Acosta

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"Yo únicamente me encomiendo a Dios", le dijo hace unos días el alcalde de Huamuxtitlán, Mario García Flores, a mi compañero corresponsal en Guerrero, Javier Trujillo. Le recordaba que hoy, este lunes, vence el plazo que le dio el crimen organizado para que renuncie a su cargo. O lo ejecuta. Así. Tal cual, como operan los delincuentes en la región de la Montaña de Guerrero, igual que lo hacen los narcos en tantas otras zonas del país donde imponen su sello, su marca, su ley de plata o plomo. Así que el hombre, ante la ausencia o incapacidad del Estado mexicano, que él mismo representa en su vertiente municipal... se encomienda a Dios. Vaya estampa.

"Lo digo bien claro, no puedo vender esa tranquilidad de todos mis ciudadanos. Y no me hago el hombre valiente, pero alguien tiene que tener el valor civil para hacer la denuncia".

No, no debe ceder la seguridad de sus gobernados, que mueren de miedo (cuántos poblados en el país están así, postrados ante la impunidad y la insolencia con que se imponen los criminales, que son afectos a nombrar y poner a sus órdenes a todas las tropas policiacas). No debe ceder, pero se trata de una ecuación simple: policías municipales o comunitarios, con pistolitas o escopetas caza-conejos, contra armas de alto poder de los sicarios.

Este domingo, al menos diez pueblos de La Cañada se mantenían en alerta ante el regreso del crimen organizado al área, nos reportó nuestro otro corresponsal en Guerrero, Rogelio Agustín, quien da cuenta que no se trata nada más de un asunto de siembra o trasiego de drogas, sino de secuestros y de los levantones que padecen jovencitas de la zona.

Huamuxtilán, nos recuerda Rogelio, es un municipio emblemático para el proceso de organización ciudadana en materia de seguridad pública: fue el primer lugar de La Cañada que tuvo la capacidad de contener un ataque de presuntos integrantes de Los Zetas la noche del 3 de junio de 2012. En esa ocasión al menos diez sicarios habían secuestrado a 17 pobladores, pero 30 comunitarios se movilizaron para liberar a las víctimas, detuvieron a seis delincuentes y descubrieron que su entonces alcalde, Juan Carlos Merino González, les otorgaba protección, por lo que decidieron amarrarlo y exhibirlo en la plaza pública.

Mientras unos nos dan su verdad sobre el caso Ayotzinapa (PGR), y otros nos dicen que esa verdad no es verdad (GIEI), y que para llegar a tal verdad se han cometido cantidad de irregularidades procesales; mientras los aludidos responden que es falso, que no hay tales deficiencias; y mientras los que acusan tampoco muestran cuál sería entonces la verdad-verdad; mientras nos seguimos preguntando cuál es y dónde está esa verdad del caso, ojalá que no ejecuten al alcalde de Huamuxtitlán, ahí mismo, en Guerrero.

Ojalá, ojalá no ocurra, ante la mirada muerta de las autoridades estatales y federales que saben lo que sucede ahí...

jpbecerracostam@prodigy.net.mx
twitter.com/@jpbecerraacosta

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