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Sábado , 20.10.2018 / 00:42 Hoy

Doble fondo

Pungarabato, 600 balazos: ¿alcalde heroico o 'narco'?

Juan Pablo Becerra-Acosta

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Todo empezó entre las 22:30 y las 23:00 horas del sábado. Ambrosio Soto Duarte, presidente municipal de Pungarabato, y sus escoltas de la Policía Federal, circulaban sobre una carretera, la de San Lucas a Riva Palacio, procedentes de Huetamo, Michoacán, donde el edil había viajado para revisar asuntos de inventario de una refaccionaria de su propiedad. Llegaron hasta la llamada Curva del Cajón. Iban de regreso hacia Ciudad Altamirano, Guerrero, cabecera municipal del ayuntamiento que gobernaba el perredista.

Ahí, en esa curva, estaban atravesadas dos camionetas tipo pick up: una marca Honda Ridgeline y una Dodge Ram (aunque también se indaga sobre una Chevrolet Trax), ambas con hombres armados con fusiles de alto poder en la batea. El comando abrió fuego. Los federales repelieron la agresión. Hubo tres muertos: el alcalde, su chofer y un agresor. También hubo dos heridos: policías que custodiaban al alcalde.

Fueron 15 minutos de infierno: 600 balazos.

Se veía venir. El hombre que gobernaba Pungarabato lo había advertido una y otra vez: miembros del crimen organizado tienen fuerte presencia en el lugar y desde que estaba en campaña lo amenazaban. Ya en el poder Soto, los delincuentes pretendían extorsionarlo e imponerle funcionarios, tal como el narco (esa hidra con miles de cabezas) suele hacer (o pretende hacer siempre) en todos lados donde opera. Así, a punta de su infame ley de plata o plomo.

Mal, muy mal que asesinen a un alcalde que aparentemente resistía embates del crimen organizado. El gobierno federal ya había enviado 40 elementos a cuidar el municipio. No sé si son muchos o pocos para 37 mil habitantes. O si esos 40 elementos eran exclusivamente para Ciudad Altamirano, que tiene 25 mil pobladores. El alcalde tenía cuatro escoltas y le enviaron cuatro más hace unas semanas, cuando volvió a alertar sobre las amenazas que nuevamente se cernían sobre él.

Hay pesquisas, ahora se sabe, que esbozan una posible relación del alcalde con grupos del crimen organizado. Si así se confirma, pues mal, muy mal también. O peor: ¿por qué no se procedió contra el sujeto? ¿Por qué ponerle escoltas a un presidente municipal de quien se sospecha la comisión de actos delictivos? ¿Precisamente para espiarlo, para documentar sus posibles delitos? ¿O solo había indicios y no evidencias?

Desde 2006, cuando arreció la guerra entre narcos y contra el narco, ya van 45 alcaldes ejecutados, 14 durante este sexenio. E insisto en lo que teclee líneas arriba: si Soto se defendía de los criminales, qué desgracia no haberlo protegido con éxito; y si era un narco, obligado o por codicia, también qué desgracia no haberlo apresado antes de que lo ejecutaran.

El gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, y su fiscal, Xavier Olea, dijeron que el alcalde recorrió una zona sumamente peligrosa, en un horario "inconveniente", y que "se arriesgó" al viajar por la noche a Michoacán, a sabiendas de que estaba amenazado. Híjole, ni qué decir: encerrémonos, pues...

jpbecerracostam@prodigy.net.mx
twitter.com/@jpbecerraacosta

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