• Regístrate
Estás leyendo: Ni tortura, ni desapariciones, ni ejecuciones ya…
Comparte esta noticia
Miércoles , 17.10.2018 / 12:10 Hoy

Doble fondo

Ni tortura, ni desapariciones, ni ejecuciones ya…

Juan Pablo Becerra-Acosta

Publicidad
Publicidad

La mujer que aparece en un video dado a conocer la semana pasada cuando el 4 de febrero de 2015 era torturada por elementos del Ejército y de la Policía Federal fue identificada como Elvira Santibáñez Margarito, de 22 años, apodada La Pala. El año pasado fue detenida y acusada de pertenecer al grupo criminal La Familia michoacana, el cual mantenía fuerte presencia en la región de Tierra Caliente de Guerrero. Es originaria del municipio de Ajuchitlán del Progreso, lugar en el que fue arrestada junto a dos hombres. La captura la realizó personal de la Base de Operaciones Mixtas. Al momento de su arresto les aseguraron cuatro armas largas (tres AK-47 y un AR15), un arma corta calibre .22 y cargadores abastecidos.

Usted ya habrá visto el video: en un momento de la grabación una mujer soldado somete a la capturada y le coloca el cañón de un arma larga en la parte posterior de la cabeza para simular que le dispararía. Una mujer de la Policía Federal la sofoca y casi asfixia primero con una bolsa amarilla y luego con otra transparente mientras la interrogan.

No sé si la mujer es una secuestradora, una extorsionadora, una sicaria. Ya lo dirá el Poder Judicial. Vamos a suponer por un momento que sí: que la mujer no se tentaba el alma para cortarle un dedo a un niño, para disolver en ácido a un joven, para ayudar a que sus monstruosos compas violaran a una secuestrada, para torturar a un civil, a militar, un marino o un policía capturado. Hemos documentado en los diarios tantas de estas historias de terror de los despiadados criminales en todos lados, y sí, los familiares de las víctimas muchas veces quisieran venganza más que justicia, pero como sociedad nos tenemos que diferenciar de esos monstruos, por más indignados que estemos cuando escuchamos las historias de dolor de las víctimas.

Repito lo mismo que he tecleado aquí otras veces: ni un soldado, ni un marino, ni un policía federal, por más furioso que esté, por más agredido que se sienta, debe caer en la tentación de la barbarie, de igualarse a los canallas, de parecerse a los desgraciados e inmisericordes criminales.

No debemos tolerar ni un caso como este, ni uno solo, porque, como informa mi compañero reportero Ignacio Alzaga en esta edición, no son pocos los hechos que han ocurrido entre 2006 y 2015: ha habido 229 casos de militares indiciados por posible tortura, 257 por homicidio y 72 por desaparición forzada, expedientes que fueron derivados por la justicia militar a la PGR.

Es infame que las fuerzas armadas o la Policía Federal sean enlodadas por los crímenes de cientos, decenas o de tan solo un elemento, porque cada día miles de militares y federales tienen que estar arriesgando sus vidas en las calles para resolver lo que los civiles no pueden solucionar en esta guerra de nuestros días. Cero tolerancia a estos abusos...

jpbecerracostam@prodigy.net.mx
twitter.com/@jpbecerraacosta

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.