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Miércoles , 19.09.2018 / 06:11 Hoy

Doble fondo

Liquiden a Ricardo Anaya o dejen de joder ya…

Juan Pablo Becerra-Acosta

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Tiempos canallas. Así son las campañas políticas en muchas democracias (Francia, Estados Unidos), infestadas de vomitivas guerras sucias, de puerquísimas estrategias. Son espacios de mentiras rotundas. De medias verdades: infundios disfrazados de información hedionda.

Tal vez quisiéramos otra cosa, quizá aspiramos a algo mejor, pero que nadie se asuste demasiado: ¿qué podíamos esperar de nuestra aristocracia política nacional (PRI, PAN, PRD, Verde, Morena) si sus miembros siempre han tenido en su alma el chip de la porqueriza política, ese gen-cloaca para apestar y destazar adversarios?

¿Por un momento tuvimos expectativas de que fueran civilizados? ¿Qué fueran decentes? ¿Qué no fueran inmorales? ¿En serio alguien pensó que no habría canallas y canalladas en los comicios de 2018? ¿Qué todo sería intercambio de ideas y propuestas? ¿Exposición de conceptos, estrategias y métodos para sacar a México adelante?

Los políticos mexicanos, con sus cultísimas excepciones, no son ambiciosos, son codiciosos, lo cual se traduce en que son capaces de todo, con tal de conservar u obtener el poder. Subrayo: son capaces de todo. ¿Acaso no tuvimos decenas de magnicidios en el siglo pasado, hasta el asesinato de Luis Donaldo Colosio en 1994? Bastan un par de ruines y un loquito, y ya está, nos sumergimos de nuevo en la violencia y en la zozobra, aderezada en estos tiempos con las anónimas balas de sicarios del crimen organizado. ¿Cuántos alcaldes y ex gobernadores llevamos ejecutados desde hace 12 años?

Si Ricardo Anaya cometió un delito, que se pudra en la cárcel. Si el caballero perpetró un ilícito, que se joda. Si Anaya es un delincuente de cuello blanco, el gobierno federal y la PGR tienen la obligación de impedir que sea candidato presidencial. Tienen la potestad para evitar que un criminal llegue a Los Pinos. Y si no lo hacen, entonces cometerán un ilícito por encubrirlo.

No sé si quedó claro, pero abundo: si Anaya es un mafioso, el gobierno federal y la PGR tienen la obligación de consignarlo ante un juez y deben explicarnos ya (con exhibición de evidencias irrefutables, no sembradas, no ficticias) qué hizo, para que lo repudiemos todos. Y tienen que hacerlo, no con voceros de un partido, no con voceros de una campaña política, no con periodistas chayoteados, sino con los más altos funcionarios dando la cara.

Por si persisten dudas, profundizo: si Anaya delinquió, el gobierno federal y la PGR tienen la obligación constitucional y legal de consignarlo ante un juez para que le apliquen las leyes que sean pertinentes. Punto. Y que lo sentencien como merece.

Pero si no es así, si Anaya no cometió ningún delito, entonces la andanada política y mediática hacia el panista habrá sido el natural curso de la vileza con que habrán operado contra él desde Los Pinos, la PGR, Hacienda, el SAT, el PRI, y la casa de campaña de José Antonio Meade. En ese caso, deben parar ya el linchamiento de Estado: estuvimos muy cerca del abismo una vez (desafuero de López Obrador, 2005-2006). No merecemos que, en 2018, México termine en el infierno por su estulticia e insensatez. Eso no se vale.

Última ocasión: si Ricardo Anaya cometió un delito, liquídenlo legalmente (no a balazos, ¿eh?), pero entiérrenlo bien, porque si no lo hacen, cuando los muertos reviven, asustan…

jpbecerra.acosta@milenio.com
Twitter: @jpbecerraacosta

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