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Lunes , 22.10.2018 / 07:53 Hoy

Doble fondo

Las malas noticias se cuentan… y sí cuentan

Juan Pablo Becerra-Acosta

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La campaña audiovisual de la Presidencia de la República con motivo del cuarto Informe de Enrique Peña Nieto tiene como lema "lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho". Es una alusión a los medios de comunicación que sí, desde siempre, en el país que sea, durante cualquier época, salvo en tiempos dictatoriales, damos prioridad a las malas noticias.

Un querido doctor me dijo un día que los periodistas somos como antiguos médicos chinos: "La medicina china solía ser preventiva. Gracias a las visitas continuas de sus pacientes, los médicos identificaban problemas a tiempo, apenas en gestación (vaya, en ocasiones evitaban hasta que se manifestaran: modificaban hábitos de sus pacientes cuando detectaban actitudes incorrectas, por ejemplo alimenticias), y los trataban antes de que empeoraran, de que se convirtieran en enfermedades, en problemas serios, en malas noticias muchas veces irresolubles.

"En otros momentos —abundaba mi doctor— esos médicos encontraban una enfermedad ya desarrollada y no la minimizaban u ocultaban: la diagnosticaban y sus pacientes tampoco la negaban o evadían. Los doctores no se concentraban entonces en paliativos, en resolver síntomas, sino en combatir el mal de fondo. Y claro, indagaban cuáles habían sido las razones por las que ese padecimiento había brotado, para impedir que más adelante se manifestara de manera letal".

Los periodistas, vistos así, desde la imagen que me presentaba el doctor, pues sí, debemos detectar esas "malas noticias", cuando apenas surgen, o cuando ya son asunto grave. En el fondo, si hay nobleza, podemos tener la esperanza, el deseo de que se arreglen, pero la solución de esas enfermedades no es asunto que nos competa, sino de quienes gobiernan y de tantos otros actores sociales que inciden en los conflictos locales o nacionales, como es el caso de jueces, legisladores, empresarios, sindicatos, académicos, jerarcas religiosos, etcétera.

Lo máximo que podemos hacer los periodistas es, a través de columnas, análisis o mesas de debate, plantear propuestas, pero en esos casos la solución tampoco está en nuestras manos: por más que empujemos una iniciativa cualquiera, derivada de alguna investigación, son quienes gobiernan los que determinarán qué hacer para solucionar los problemas, si es que hacen algo.

¿Cuántas ocasiones, en lugar de entender que ayudan, que se cuentan porque también cuentan, los gobernantes ignoran o minimizan los diagnósticos periodísticos, que no son otra cosa que reportajes que reflejan las realidades de nuestros municipios, de nuestros estados, del país? ¿Cuántas veces no nos fustigan porque, según ellos, somos "hostiles" y los queremos "golpear", cuando en realidad solo estamos dando cuenta de hechos?

¿Cuándo nos hacen caso? Normalmente cuando los reportajes muestran que el asunto se ha desbordado, que es insostenible ya. Que ya se gangrenó. Que ya se pudrió. Y eso, a veces...

jpbecerracostam@prodigy.net.mx
twitter.com/@jpbecerraacosta

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