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Jueves , 13.12.2018 / 22:18 Hoy

Doble fondo

EPN no entendió que no entendía…

Juan Pablo Becerra-Acosta

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Enrique Peña Nieto terminó su mandato de la forma más bochornosa posible: enjuiciado por su sucesor ante una sesión de Congreso General del Poder Legislativo, tuvo que soportar larguísimos minutos de crítica lapidaria, por momentos rudísima, diría yo que hasta excesiva.

Millones de mexicanos lo vieron compungido, limpiándose el sudor, el rostro descompuesto. De pronto depositaba una pastilla o dulce en su lengua, como si tuviera la boca seca, la garganta cerrada.

Estaba incómodo en cualquier posición: reacomodaba sus manos, brazos, piernas, siempre con mirada extraviada, triste. A veces estaba cabizbajo. Por momentos sus ojos lucían inyectados, como si contuviera la ira. Parecía que súbitamente explotaría o que saldría corriendo a toda velocidad.

El ex presidente vivió sus minutos más humillantes en público. Y por el juicio de los ciudadanos, parece que la Historia (con mayúscula) va a ser muy severa con él: terminó con una aprobación de tan solo 24%. Felipe Calderón, a pesar de iniciar la guerra, concluyó con 53%; Vicente Fox, con todo y el desencanto que provocó (mil banalidades y pocos cambios), finalizó con 59%; Ernesto Zedillo acabó con 66%, no obstante que hundió a México en su peor crisis económica. Y el villano favorito, por sus arbitrariedades, excesos y torpezas, Carlos Salinas de Gortari, dejó el poder con 77% (Consulta Mitofsky).

Así que Peña Nieto es el presidente peor evaluado durante la joven democracia mexicana (2000-2018): lo desaprueba 74% de los ciudadanos, de acuerdo con lo que publicó Parametría en MILENIO el viernes pasado, a través de la pluma de su director, Francisco Abundis, cuya medición es todavía más dura: solo 22% lo aprueba.

¿Cuál fue el mayor logro de su gobierno? “Ninguno”, respondió 46.2% de los encuestados por El Universal (jueves pasado). En segundo lugar, con un magro 7.3% de las menciones, aparece el TLC. Sus reformas estructurales acabaron hasta el quinto sitio, con solo 6.4%. Así que la mayoría de los mexicanos ve en Peña Nieto un fracaso para olvidar, una narrativa sexenal para tirar a la basura.

Lo he dicho varias veces, parafraseando aquel contundente subtítulo del semanario The Economist sobre Peña Nieto (y el pantano de la mayoría de los hombres y mujeres de su gabinete): nunca entendieron que no entendían (la mención aquel enero de 2015 fue: “Un Presidente que no entiende que no entiende”).

Su arrogancia, su soberbia, esa convicción que tuvieron siempre de que todos estaban equivocados menos ellos y sus zalameros, los cegaron: era como si nunca hubieran existido la casa blanca, la casa de Malinalco (Luis Videgaray), los conflictos de intereses y la corrupción de los Duarte, los Borge, etcétera. Fueron insolentes hasta que perdieron los pasados comicios e incluso después de la paliza electoral algunos espetaban lo pendeja que es la gente de este país por haber llevado al poder a Andrés Manuel López Obrador. El ego aniquiló a Peña Nieto y los suyos.

Por cierto, sobre el flamante Presidente, lo que vi el sábado durante su asunción justamente fue eso: que un tlatoani era entronado, endiosado, como no ocurría desde los peores tiempos del antiguo y autoritario PRI. Pero bueno, esa es otra historia…

jpbecerra.acosta@milenio.com
@jpbecerracosta

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