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Doble fondo

El "unomásuno": periodismo, política y "narco"…

Juan Pablo Becerra-Acosta

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En una muy-muy breve síntesis sobre la historia del diario unomásuno, les puedo contar esto...

Excélsior fue fundado en 1917. Mi abuelo —Manuel— fue director general hasta 1968, cuando murió. En ese momento Julio Scherer quedó al frente del diario junto a mi padre (también Manuel), que se hizo cargo de la subdirección. En julio de 1976 el gobierno de Luis Echeverría culminó sus embestidas contra ambos y sus cientos de colaboradores tuvieron que abandonar su casa, que quedó en manos de un traidor.

La larga y entrañable amistad entre Manuel y Julio se resquebrajó cuando cada quien concibió un proyecto distinto: Julio pensó en el semanario Proceso y Manuel ideó unomásuno, que se publicó por primera vez el 14 de noviembre de 1977. Ambas publicaciones estaban pobladas de talentosísimos periodistas, pero hoy nada más tecleo acerca del diario, que desde el inusual nombre fue provocador para los conservadores que solo entendían de aritmética. ¿Qué era eso de uno más uno, escrito como una sola palabra en minúsculas? Lo que pretendía el proyecto, su esencia conceptual: la suma del trabajo del periodista y la participación del lector no daba dos, no debe sumar dos, sino uno. Uno solo.

El hermoso cabezal fue imaginado, con tipografía como de una máquina de escribir, por el talento del gran Juan Pablo Rulfo, mejor conocido como Pablo Rulfo en su precioso mundo de las artes plásticas. Sobrio, limpio, elegante, en letras negras sobre el papel blanco, así se veía el nombre de ese diario tamaño tabla, que no tabloide.

El periódico impulsó los géneros (crónica, entrevista, reportaje). Estimuló la tentación literaria de los periodistas (aquel "nuevo periodismo" del que se hablaba en Estados Unidos desde los 60). Para los jóvenes aprendices como yo era deslumbrante la redacción del diario. No voy a mencionar a algunos de sus reporteros porque sería injusto para muchos más, pero dense una vuelta en la hemeroteca para que vean qué clase de textos tenía el periódico. Y lo mismo con los fotógrafos, porque fue la cuna del nuevo fotoperiodismo mexicano: gran despliegue y gran respeto a su libertad de expresarse a través de las imágenes. Y con los cartonistas y articulistas lo mismo: relevantes espacios para ellos.

En 1989 se acabó la historia. Una nueva embestida presidencial, entonces de Carlos Salinas de Gortari, aderezada con traidores, como siempre, nos echó de ahí, se extinguió el diario, y devino pasquín, panfleto, una cosa horrenda de un tamaño raro con letras rojas y negras, siempre en manos de personajes diminutos, oscuros y oscurísimos.

Los políticos mexicanos no entienden que son efímeros y que cuando sus desplantes los dominan, cuando su codicia, sus rencores y sus arbitrariedades los gobiernan, lo único perdurable que han dejado en nuestro país son infamias, despojos, robos y suelos ensangrentados. Pero sobre todo, su herencia es de destrucción. Vean, vean en qué acabó el unomásuno, presuntamente ligado al narco hoy, según el gobierno de Estados Unidos.

Qué triste. Hombre, al menos hubieran desaparecido el cabezal en 1989. O lo hubieran devuelto...

jpbecerracostam@prodigy.net.mx
twitter.com/@jpbecerraacosta

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