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Lunes , 24.09.2018 / 20:34 Hoy

Columna de Juan Noé Fernández Andrade

PAN-PRI, espérenme tantito

Juan Noé Fernández Andrade

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Qué bueno que el triunfo de Andrés Manuel López Obrador y Morena en general provoque posturas a favor y en contra. Ventilarlas públicamente refrenda y desahoga ideas a unos y otros, considerando a quienes –aun en su parcialidad- lo hacen en medios de comunicación. En positivo y en negativo, lo expresado suma y es lo interesante, más allá de los denuestos y la pose.


Los verdaderos priístas y panistas, esencialmente sus bases y militancia traicionadas, reconocerán, con el paso de tiempo, que perder posiciones de gobierno en municipios, diputaciones federales, senadurías y la Presidencia les permitirá rehacerse, recomponer tantas cosas que al interior de sus partidos dejaron de hacer y todavía poder reagruparse bajo sus propias siglas y colores. La lección es dura. Para el PRI, la lectura tiene que ser crítica. 


Un primer diagnóstico es que se aferraron, en pleno tributo a su cerrazón y desclasamiento, a un prolongado ejercicio de clientelismo y corporativismo, supeditándose exclusivamente a intereses económicos incluso sobre lo político. La elitización priísta los llevó al despeñadero. Fueron incapaces de ver lo que sucedía en el país, en las grandes masas de ciudadanos marginados, de oler y palpar a la gente del campo, de los sectores pauperizados, e insensibles a una juventud creciente en su concientización. En el PAN, desvirtuaron el sentido nato de la política, y peor aún, de la filosofía que lo fundó, lo que dio al traste con sus principios partidistas. La política del agandalle –imitando al tricolor- los aniquiló. Los privilegios y la divinidad de sus dirigentes les impidió observar la madurez de un electorado ávido de cambios, de transformación, de que no podían seguir actuando como empresa privada cuando la sociedad y sus múltiples sectores estratificados exigían, exigen, otro constructo nacional.


Más cercanas, las derrotas del PAN y el PRI en la Laguna de Durango y Coahuila son un grito, un “espérame tantito”. Electores adultos fueron responsables consigo mismos y votaron en civilidad. Politiquerías, amenazas y dinero ya no surtieron efecto. Digamos que hubo un asomo de sensibilidad y dignidad humanas ante el cansancio crónico. 



ferandra5@yahoo.com.mx

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