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Domingo , 23.09.2018 / 15:49 Hoy

Columna de Juan Noé Fernández Andrade

En memoria de los 43

Juan Noé Fernández Andrade

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Nada causa más dolor, desesperanza, impotencia y rabia que la lentitud, martirizante y hasta eterna, de las formas de la búsqueda e impartición de la justicia. Su efecto es demoledor. Mucho me temo que México sea -como dicen las autoridades en la materia- un país de leyes, un Estado de derecho, que nadie está por encima de la ley, y que aquí de aplica la ley sin distingos, advirtiendo casi siempre que “iremos hasta sus últimas consecuencias”. La realidad es otra. La noche del jueves escuché en Saltillo a la Ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Olga Sánchez Cordero. Al hablar, en su discurso planteó “¿Qué me gustaría?”, y entre otras cosas lo dijo: “… que los derechos fueran instrumentos para facilitar la convivencia, para generar menos desigualdad, para limitar a los fuertes y empoderar a los débiles. (…) que cada uno de los que expresa la Constitución se tomara en serio. (…) Que las autoridades velaran por presupuestar su cumplimiento, que vigilaran su ejercicio cabal, y no sólo su expresión en el papel. (…) que en las políticas públicas que diseña e implementa el ejecutivo, se concretara esa efectividad de los derechos. (…) que, ante la complejidad que caracteriza el derecho moderno, retomáramos la capacidad de cuestionar y la impulsáramos, para convertirla en el eje rector del pensamiento jurídico. (…) que, quienes nos dedicamos al estudio del derecho, pudiéramos controvertir, pensar y proponer. Que llenáramos de sentido semánticas vacías que nos ufanamos de proclamar: Estado de Derecho, Democracia, Derechos Sociales, Justicia. (…) que el derecho llenara de sentido la vida que vivimos, la realidad que creamos. Que pudiéramos con ello generar confianza institucional ante la complejidad. (…) Necesitamos decisores. Juristas, políticos, servidores públicos que cuestionen, que se esfuercen por entender la realidad y cambiarla (…) para el beneficio colectivo, para el bien común, razón de ser del Estado”.


Manuel Maples Arce (1922). Fragmento de Prisma: Mis nervios se derraman…La estrella del recuerdo naufragaba en el agua del silencio. Tú y yo coincidimos en la noche terrible, meditación temática deshojada en jardines.


ferandra5@yahoo.com.mx

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