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Domingo , 15.07.2018 / 18:45 Hoy

Columna de Juan Noé Fernández Andrade

Doña Hilda

Juan Noé Fernández Andrade

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A Lucha, Daniel, Ángel y Reyna, sus hijos.

Eran las 07:52 de ayer viernes cuando recibí un mensaje de mi hermano Alfonso en el que informaba en el whatsApp de la familia que mi tía Hilda acababa de morir en Acayucan. Me quedé viendo unos instantes el brevísimo texto. Aún caía una ligera lluvia. Me sentí triste, nostálgico.

De niño llegué a pensar que las personas grandes no morían, que para eso eran grandes, adultos, para no morir, eternos. A mi tía, Doña Hilda, así llamada por su férreo, bravo y dulce carácter, siempre la vi entera, de pie, luchona, trabajadora, inventando la vida dentro de la vida, atenta a sus hijos, a sus nietos. Pero, ante todo, entregada a Don Teodoro Andrade, su esposo –tío consanguíneo y padrino-, su compañero de tantísimas jornadas y con quien compartió la vida y ahora se acompañarán en la eternidad. Doña Hilda tuvo y mantuvo un temperamento como pocas personas he conocido. Echada pa’ delante, nada ni nadie la amilanó.

Fue una mujer de esas que nacen para ser ejemplo, para crecerse ante cualquier vicisitud, para alentar y empujar a uno a seguir y seguir y no cansarse. Veracruzana, ella sí hizo gala de su esencia jarocha. No únicamente por su acento y su hablar salpicado de una que otra maldición, sino por su forma, su estilo, su temple, su solidaridad, su humanismo, decencia y su grandísimo amor a la familia.

Este viernes es diferente porque ella, Doña Hilda, otra vez, me está platicando y me dice “Oye Chanelo, fíjate que…”, sin parar, sin detenerse. Su conversación me atrapa, sabía yo que por largos minutos hablaríamos de uno y otro tema, de una y otra persona, de anécdotas, sin faltar de la familia. Mi tía fue un ser humano maravilloso, dotada de un algo extraordinario que no encuentro cómo llamar y que en ella, como en mi señora madre Ana María; mis tíos Teodoro, Macario y Tere, todos Andrade Fita, pareciera que Dios depositó casi en exclusiva. Dones y actitudes absolutamente humanas, ajenos a la realidad. Hoy escribo esto invadido de nostalgia y agradecimiento. Ofrezco al lector una disculpa por el tema.


ferandra5@yahoo.com.mx

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