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Viernes , 19.10.2018 / 21:42 Hoy

Columna de Juan Noé Fernández Andrade

Daniel Ortega caerá

Juan Noé Fernández Andrade

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“Nicaragua será para los nicaragüenses”, recuerdo haber escrito para este periódico La Opinión allá en un primer envío desde Managua. Era diciembre de 1983. La sombra de una posible intervención de parte de los marines estadounidenses rondaba sobre Nicaragua. Ronald Reagan, el belicoso presidente republicano recién había ordenado que sus tropas invadieran Grenada un par de meses antes. Lo hizo sin miramiento alguno y aplastó la autonomía y dignidad de esa pequeña nación. 


En lo personal, como reportero de este periódico, le planteé a mi directora entonces, Velia Margarita Guerrero, su apoyo y autorización para ir a El Salvador y a Nicaragua y poder testimoniar algunas de las incidencias que se presentaban en ambos países centroamericanos. 

 
En El Salvador, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional luchaba contra el gobierno militar de José Napoleón Duarte. Fue una lucha fratricida, desigual. Un tiempo mi pecho registró una herida leve por una agresión sufrida de parte de uno de sus esbirros. Ser mexicano y periodista y estar ahí era una afrenta. 


Los gobiernos de López Portillo y De la Madrid Hurtado no escondían su respaldo a los esfuerzos del pueblo salvadoreño. En Nicaragua, durante más de un mes recorrí sus pueblos y vi cómo el antisandinismo galopaba. El triunfo de la revolución popular el 19 de julio de 1979 había sido dinamitado por los llamados contras. 


El Frente Sandinista de Liberación Nacional era una estructura hecha gobierno y se respiraban, sí, dificultades. 

 
Pero el pueblo estaba de su parte, no lo mataba. Cientos de internacionalistas arribaron a la tierra de Sandino para hacer frente a los desplantes de Reagan y apoyar su revolución. Daniel Ortega era el líder del movimiento que había derrocado a la dinastía Somoza. Junto con su hermano Humberto y otros jóvenes luchadores como Carlos Fonseca, Tomás Borge, Bayardo Arce, Jaime Wheelock, Gladys Báez, el comandante Edén Pastora, escritores como el hoy laureado Sergio Ramírez y el sacerdote y enorme poeta Ernesto Cardenal, asumieron la dirección y resistencia. 


Pero la locura de eternizarse en el puesto enfermó a Daniel Ortega. Y lo hará caer. Qué tristeza por Nicaragua.




ferandra5@yahoo.com.mx

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