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Jueves , 21.06.2018 / 09:18 Hoy

Columna de Juan Noé Fernández Andrade

Aquel 19 de septiembre

Juan Noé Fernández Andrade

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Aquella mañana desperté muy temprano. El ritual: amanecer, levantarse, leer un rato, llevar algo al estómago y, en ese transcurrir, escuchar o ver las noticias. Antes de ir a mis actividades aquél 19 de septiembre de 1985, supe del temblor que azotaba al país, en especial a la ciudad de México. La noticia era demoledora.

En Torreón hubo expectación ante ese terremoto de 8.1 grados, el más grave de nuestra historia.

Cuando llegué a la redacción de La Opinión (hoy Milenio Laguna), reporté que tenía una entrevista con Raúl Rojas Soriano, presidente del Colegio de Sociólogos de México.Lo abordaría en la Facultad de Ciencias Políticas de la UAC (sin la “de”). Pues no. Mi ex directora en el periódico, Velia Margarita Guerrero, me pidió trasladarme al DF.

La orden era reportear la tragedia y enviar el material, como fuera, lo más rápido posible.

La red de telecomunicaciones era inservible. Ni teléfono, ni télex, ni televisión, ni radio ni nada, no había manera de obtener información. Me fui al aeropuerto tal cual andaba vestido, con un par de plumas y una libreta. Allá vería lo de las fotos.

Desde las alturas sobre el DF se observaba una densa capa de humo blanco. Al estar en tierra supe de la magnitud de lo ocurrido.La ciudad donde había vivido (1978-1982, por mis estudios de periodismo), era otra.

Parecía haber sido bombardeada por acá y por allá. La recorrí como pude, lo hice con colegas como Fausto Fernández Ponte (Excélsior). Vi un DF azotado, resquebrajado. Escuché el llanto, los ayes de dolor, el ulular de las sirenas y ambulancias, respiré el humo de edificios siniestrados. Conocí el dolor de sus habitantes. Cuerpos tirados, mutilados, de hombres y mujeres de todas las edades.

Carros aplastados. Y también, la más grande muestra de valor humanitario de los defeños hechos uno solo para, en medio del caos, rescatar de entre escombros a vivos y a muertos, a recién nacidos. Una lección inolvidable.

Regresé a Torreón tres días después. Justo a los 30 años de los terremotos, el periodismo me trajo aquí al DF.



ferandra5@yahoo.com.mx

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