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Miércoles , 21.11.2018 / 15:08 Hoy

Mercados en perspectiva

La autonomía del banco central

Juan S. Musi Amione

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Es muy común oír que muchas cosas que antes se podían hacer, así como labores dentro de las empresas, funciones de ejecutivos y desempeño de cargos políticos, hoy se han separado, porque existe algo que se llama “conflicto de interés” y que en muchos casos se explica mejor con el concepto “no se puede ser juez y parte”.

Dentro de las operaciones claves en la economía a este respecto está la del gerente del banco central, y como éste debe ser autónomo e independiente del gobierno federal, es solo facultad del Ejecutivo —en México y muchos países— proponer a quien desempeñe esa compleja labor, pero es el Senado la instancia que debe ratificarlo; honestamente, yo hasta esa facultad le quitaría al Presidente, para evitar el nombramiento de un “cuate”.

Pues resulta que cuando la señora Janet Yellen es invitada a renunciar por Donald Trump, este último nomina a Jerome Powell, un hombre preparado y con capacidad técnica, pero cuate del presidente; el Senado lo ratificó y ha ejercido correctamente sus funciones.

Tan lo ha hecho bien que ya Trump lo criticó y lo está presionando, deteriorando y desgastando la relación, cómo ya es su costumbre.

Es muy fácil pensar que Donald Trump, teniendo tantos intereses en materia inmobiliaria, está siendo perjudicado con el alza de tasas; la razón es que el mercado inmobiliario se deteriora cuando el crédito hipotecario se encarece, y los bienes bajan de precio.

Al revés, cuando las tasas son bajas, todo mundo compra, quiere crédito y eventualmente hasta una burbuja se puede volver a crear.

Dicho lo anterior, Jerome Powell tiene que ignorar los intereses de Trump y apegarse al mandato de la Fed, que por un lado combate la inflación y por otro busca promover el crecimiento económico; en el caso del Banco de México, el mandato es único: combatir la inflación.

Por lo tanto, si la inflación sigue repuntando y presionando, el banquero central tendrá que seguir subiendo las tasas, y con ello el costo del dinero; esto hace que tanto el banquero como el banco central sean autónomos e independientes y actúen con apego a su mandato, sin importar a quién atropellen, incluido el Presidente y sus intereses personales.

Dicho sea de paso, México ha tenido ya muchas décadas con banqueros centrales capaces, profesionales y autónomos. ¡Ojalá así sigamos!

 info@cism.mx
@juansmusi
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