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Martes , 21.08.2018 / 07:50 Hoy

La vida inútil

En sus marcas, listos… Navidad.

Juan Miguel Portillo

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El fin de semana pasado llevé a Santiago, mi verdolaga de 11 años, a dar un paseo a la plaza comercial. Las sorpresas que nos llevamos. La primera de ellas fue ver a los empleados del lugar, en acalorada jornada, poniendo en pie un monumental árbol de Navidad. Santi, sin reparar en la fecha actual, simplemente me lanzó la pregunta que haría cualquier niño:

–¿Y nosotros cuándo vamos a poner el arbolito en casa?

– Lo haremos en su momento, más adelante, en diciembre.

–¿Y por qué ya lo están poniendo aquí?

Como Santi ya está en edad de saber una que otra cruda verdad, le respondí claridoso.

– Porque ellos necesitan vender y mientras más pronto adornen de Navidad este lugar, mejor.

Seguimos paseando y observamos que en los aparadores de las tiendas ya empiezan a asomar las narices los duendes, renos, osos y demás especímenes que conforman la fauna navideña.

El adelantado espíritu festivo provocó que Santi sintiera un precoz deseo de acudir a la juguetería y tomar nota de un par de posibles regalos de Navidad.

– Todavía no llegamos a tu cumpleaños, vamos en orden cronológico–, lo aplaqué.

Al terminar el paseo, la extraña sensación de que la temporada navideña ya había empezado se vino conmigo a casa. Encendí la televisión y empiezo a ver, no sin estupor, una secuencia de comerciales de juguetes, perfumes, suéteres y ventas nocturnas.

Apago la tele, me siento a la computadora, sintonizo una estación de música instrumental en línea y ,¡tómala!, me dejan ir una navideña clásica. Así, sin piedad.

Cada año la Navidad llega más pronto. Aún no terminamos de pagar las deudas del regreso a clases o las vacaciones de verano y ya estamos pensando en los gastos de fin de año. Transitamos, en un pestañeo, de las calabazas de Halloween a los arbolitos con esferas, y del pan de muerto a los buñuelos, cuando aún falta, si Gregorio XIII no se equivoca, más de un mes y medio.

Cosas extrañas, con 25 grados de temperatura a la sombra ya estamos pensando en colocar monos de nieve con bufandas en nuestras casas.

¿Por qué la Navidad se deja sentir cada vez más anticipadamente?

Durante la temporada decembrina somos víctimas de diversos virus que producen algunos desórdenes respiratorios como influenza, tos, bronquitis y neumonía. Pero también nos ataca otro extraño bicho que pulula en esta época, ése que produce incontinencia de bolsillo, diarrea monetaria y despilfarro estacional.

Es difícil, si no imposible, disociar la Navidad del ánimo de regalar, y los comerciantes lo saben. Por eso es muy conveniente, sobre todo para ellos, adelantar la Navidad cuanto sea posible. ¿Para qué postergar hasta diciembre lo que podemos gastar en noviembre?

Durante el resto del año solemos ser más cautos y analíticos con lo que gastamos. No aflojamos la cartera tan a la ligera. Solo regalamos lo indispensable, en el aniversario de tal o cual cosa, a quien cumple años o a los novios que contraen nupcias. Incluso, antes de comprar el regalo, echamos un vistazo al clóset en busca de algo para reciclar, un presente del pasado, como la corbata o la bolsa que la tía Mercedes nos dio la Navidad anterior. Pero esta época nos convoca a darle cuerda al aguinaldo y a aflojar la tarjeta de crédito como si no hubiera un mañana.

Por cierto, en pocos días tendremos en México El Buen Fin, la campaña de descuentos que busca, como todo lo que hace nuestro gobierno, mover a México, aunque sea solamente moverlo a las tiendas.

Yo, por si o por no, ya empecé mis compras navideñas. Pero del siguiente año.

PILÓN:

Oración de hoy

(récese con fervor)

Angel de mi Guarda,

dulce compañía,

dale a Trump un zape

y a Hillary mayoría.

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