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Martes , 21.08.2018 / 02:05 Hoy

La vida inútil

El café de los lunes

Juan Miguel Portillo

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Don Nicandro Melgarejo y su amigo de juventud, Don Espiridión Almonte, fueron los primeros en llegar a su habitual cita de los lunes por la mañana en el viejo Café Imperial, donde se reúnen desde hace más de 40 años.

- Perdona la demora, Nicandro, pero hoy en la mañana tuve cita con el dentista y me atendió un poco tarde. Además no me quedó a la medida el puente que me hizo y tuvo que hacerme un molde nuevo.

- No te preocupes Espiridión, yo también me retrasé, si acaso llegué un par de minutos antes que tú. Yo fui a hacerme unos exámenes de sangre y no me encontraban la vena. La muy cobarde se esconde cuando ve aproximarse a jeringa. Además olvidé que tenía que dejar una muestra de orina y cuando llegué al laboratorio me entregaron un frasco que no me sirvió de nada porque ya había hecho pipí en casa. Perdón que te cuente estas intimidades pero…

- No hay nada que disculpar, Nicandro, conociéndonos como nos conocemos desde hace tanto, ya no hay secretos entre nosotros. Muchas cosas hemos pasado juntos desde la juventud. ¿Recuerdas que los dos queríamos conquistar y tronarle sus huesitos a Ruperta, la frondosa compañera de clase, la de amplias y contoneantes caderas?

- Cómo olvidarlo. Pero qué bueno que no nos hizo caso a ninguno de los dos. Su despampanante cuadril fue su perdición y también la de su marido.

- ¿Problemas sentimentales a causa de sus atractivas caderas?, curoseó Don Espiridión con picardía.

- Problemas económicos. Hace poco se las fracturó en tremenda caída y su marido tuvo que pagarle una prótesis descomunal y una cirugía de horror.

- Vaya accidente. Eso debió doler mucho. ¿Pobre, y cómo sigue?- inquirió Don Nicandro al tiempo que tomaba un sorbo de su descafeinado.

- Mejor, ya se levanta de la cama- respondió Don Espiridión.

- Me refiero a su marido.

- Ah. Él sigue arruinado.

- Para casos como ésos hay que tener un seguro de gastos médicos mayores. Seguro no tenía.

- Es que cada día los precios de esos seguros son mayores. Y para los mayores como nosotros no se diga.

- Ya van a empezar con sus juegos de palabras- dijo Don Atanasio Chavolla, que hacía unos minutos se había unido discretamente a la tertulia.

- Para pagar la póliza de este año tuve que hipotecar mi casa, lo cual me ha traído con una gastritis nerviosa que no me la quito ni con carbonato- agregó don Nicandro.

- A nuestra edad, es más barato enfermarse que adquirir un seguro. Pero mejor dejemos el tema de los seguros de lado- solicitó Don Atanasio.

- ¿De lado? -acotó Don Nicandro-. Eso me hizo recordar que últimamente siento que me voy de lado, ¿será el oído?

- Solo que hayas oído algo que te dejó tambaleando de la impresión. También podría ser falta de irrigación en el cerebro- reviró Don Atanasio.

- No me asustes. Voy a ir al médico a que me saque de dudas.

- Pregúntale de mi parte qué puedo tomar para el dolor de rodillas. Me crujen como buñuelos-, solicitó Don Espiridión, que no desperdiciaba oportunidades como éstas.

- Hablando de cosas dulces- agregó Don Nicandro-, ayer domingo salí al jardín a tomar el sol y las hormigas me empezaron a escalar por las piernas, ¿no será que traigo el azúcar alta? Hay muchos diabéticos en mi familia. O quizás la culpable sea la pomada de jalea real que me pongo en las várices.

- Pues mis exámenes de laboratorio indican que últimamente mi salud va al alza-, dijo Don Atanasio.

- ¿Ah sí?-, preguntó con gustoso interés Don Nicandro, al tiempo que se daba un masaje en el pecho.

- Tal como te lo digo. El colesterol, los triglicéridos y el ácido úrico van hacia arriba como la espuma.

- ¿Y tu mujer qué tal de salud, Nicandro?

- Fuerte y sana. A ella lo único que se le eleva es el mal genio.

- Pues a la mía le encontraron osteoporosis en los huesos, alta hipertensión y problemas hepáticos en el hígado- dijo consternado Don Espiridión.

- Todo lo que dijiste son pleonasmos- acotó Don Nicandro.

- Eso debe ser, ¿y qué puede tomar mi esposa para los pleonasmos?

- Olvídalo.

- A propósito de olvidar, les voy a recomendar una medicina buenísima para la mala memoria.

- ¿Cómo se llama?- preguntó Nicandro al tiempo que dispuso una pluma para anotar en una servilleta.

- Espiridión, ¿y usted?

- Olvídalo.

- Curioso nombre.

- No es mi nombre.

- ¿Su apodo?

Se hizo un silencio breve y Don Nicandro tomó la palabra en tono concluyente.

- Compañeros, creo que es buen momento para despedirnos y quedar en espera de nuestra siguiente reunión, cuando la reserva de memoria de Espiridión haya vuelto a un nivel aceptable y todos tengamos males y achaques nuevos que contarnos.

- Me parece bien -convino Don Atanasio, apurando su té verde con miel-, aprovecharé para pasar a ver al doctor porque estoy sintiendo de nuevo esa molesta taquicardia en el corazón, no vaya a tener también pleonasmos, como Espiridión.

Y de este modo, satisfechos, los miembros supervivientes del Club Independiente de Hipocondriacos Anónimos dieron por terminada la sesión que cada lunes por la mañana tienen en el Viejo Café Imperial desde hace más de 40 años.

@jmportillo

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