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Miércoles , 21.11.2018 / 13:29 Hoy

Columna de Juan María Naveja Diebold

Sociedad judicial

Juan María Naveja Diebold

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No puede haber ley sin moral. El único rezago positivo de una temporada electoral es la síntesis que deja sobre los deseos del electorado. No es ninguna sorpresa, en 2018, las preocupaciones de los ciudadanos se concentran en el crimen violento y la corrupción gubernamental. Eso no significa que los mexicanos estemos dispuestos a hacer algo para atender esas preocupaciones. Las leyes en México condenan los crímenes que nos plagan, tanto la violencia, como la corrupción. Todos los mexicanos saben que son ilegales la agresión y el soborno, por lo tanto, uno podría suponer que las personas violentas y corruptas acaban en la cárcel y que tenemos un país pacíficamente gobernado por funcionarios cívicos honestos. El problema es que, si metemos a todas las personas violentas y deshonestas a la cárcel, no tendríamos quién los vigile. No existe mecanismo judicial suficiente para convencer a una población de seguir leyes que no están basadas en su código moral. Se necesita que la gran mayoría de la sociedad, digamos al menos 90%, crea con convicción que una ley debe existir para que una policía la pueda hacer cumplir. Si todos nos estamos dando la vuelta en “U” ilegal sobre López Mateos pasando la glorieta de La Estampida, no hay suficientes oficiales de tránsito para detenernos y multarnos a todos. Si les es familiar el cruce al que me refiero, seguramente justificaron la vuelta que han tomado frente al letrero prohibiéndolo con alguna particularidad. Antes no era ilegal, viven por ahí, van de prisa, no debería estar prohibida o simple y sencillamente, la siguiente vuelta está muy lejos. Todos tenemos racionalizaciones así de las reglas en todo el mundo. Puede ser el regresar el carrito del súper a su lugar, hacer trampa en un examen, usar deducciones fiscales inadecuadamente, devolver ropa usada a una tienda y otro sinfín de pequeños pecaditos inofensivos de la vida diaria. No tirar la basura en su lugar nunca ha matado a nadie. Lo que sí hacen todos estos comportamientos es generar una expectativa de respeto a las reglas para todos y en México solo los idiotas siguen las reglas. Estás bien pendejo si pagas todos tus impuestos, te esperas el tiempo correcto para un permiso del ayuntamiento, sigues las reglas de tránsito o desaprovechas oportunidades de robar. Todos lo hacen y nomás te estás atrasando en la competencia, además, si los demás lo hacen, no está tan mal. Niéguenlo si quieren, pero es la verdad. Ahí está la causa de la violencia y la corrupción, los narcos no nacieron del lodo (ni son frutos mágicos que salen de la amapola y la hoja de coca), los políticos corruptos se corrompen en la cuna, el pupitre y en los brazos de papá y mamá, no en la silla del poder. En algún momento entre empezar a leer este artículo y su próximo pecadillo van a deducir que esa pequeña tranza no está atada al crimen organizado y el gobierno y que en realidad no afecta a nadie más. Diez tranzas después sus hijos, vecinos, colegas y el mesero que los atienda en la próxima comida los va a escuchar decir “pues si hace eso, le pongo una putiza (lo mando matar, le mando unos tehuacanazos, ya se las verá” o quizás los escuchará decir “mi primo/amigo/socio conoce al alcalde/secretaria/burocrático y va a conseguir…” a lo menos dirán “no hay de otra, tienes que soltar una lana/mordida/soborno” y así convertimos a las leyes en opciones, sugerencias civiles más que convenciones sociales. México es un país violento con el segundo mayor de homicidios en el mundo (solo después de Siria) porque los mexicanos somos violentos y nuestros gobiernos son corruptos porque nosotros somos corruptos. No hay policía suficiente para meternos en cintura. En nuestro país la violencia y la corrupción son legales porque no queremos seguir una Constitución.

 juanmaria7@gmail.com
www.osomaloso.com

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