• Regístrate
Estás leyendo: La guerra que terminará al mundo
Comparte esta noticia
Martes , 23.10.2018 / 18:22 Hoy

La guerra que terminará al mundo

Publicidad
Publicidad

Hemos hablado mucho en esta serie sobre el origen de los conflictos internacionales contemporáneos en la Primera Guerra Mundial y de su causalidad derivada en las mismas causas que originaron la Gran Guerra, los métodos que se usaron para combatirla y las consecuencias de su desenlace. Una conexión elemental que no hemos presentado es su relación con la Segunda Guerra Mundial.

Los maestros de historia invariablemente recurren al argumento que, si tan solo viéramos al pasado, no seguiríamos cometiendo los mismos errores. Mientras que confío en nuestra infinita capacidad para encontrar nuevos errores que nos lleven a evitar la guerra, es cierto, nuestra civilización continúa repitiendo los mismos errores: avaricia, xenofobia, fanatismo.

Sin embargo, aún con las mejores intenciones, aprender las lecciones del pasado requiere atención y disciplina. Por ejemplo, en el salón de clases se resume la transición entre guerras mundiales a los excesos del Tratado de Versalles y, aunque el tratado exacerbó las tensiones internacionales que permitieron las circunstancias para que la primera gran guerra escalara al nivel mundial, de todos modos habían otros ingredientes cocinándose en la caldera; la capacidad que no escondemos de encontrar nuevos errores.

El Tratado de Versalles dejó a la nueva nación de Alemania con una deuda externa de 442,000 millones de dólares actuales, prohibiciones para re-armarse, aunque tiene nueve fronteras que cuidar y dejando a poblados que se identifican como alemanes afuera de su territorio nacional. Obviamente, el tratado era insostenible, pero en el momento que se firmó, muchos de los aliados sentían que era demasiado laxo con Alemania.

En 1932, después de la Gran Depresión, se concluyó que era imposible, o al menos injusto, obligar a Alemania a continuar los pagos de su deuda y se puso una moratoria infinita cuando solo había pagado una octava parte de la misma. Es importante subrayar que Estados Unidos nunca condonó su porción del adeudo.

En materia territorial, a lo largo de los 1920s se fueron re-ajustando las fronteras de Alemania al Oeste en un esfuerzo para mejorar las relaciones franco-germánicas, pero ante los conflictos territoriales del Este con Polonia y la entonces Checoslovaquia, la respuesta fueron tratados de protección de parte de Francia y Gran Bretaña en el caso que Alemania los invadiera. Dichos tratados garantizaron que la solución a los problemas territoriales sería bélica y a escala continental, en lugar de resolver los desacuerdos. Los detonantes de la Segunda Guerra Mundial fueron acusaciones de ataques de polacos a alemanes viviendo en territorio polaco que Alemania contendía le debería de permanecer y, por estos tratados, no había manera de “dejar que Alemania se repatriara terrenos propios”, que en sí era el sentimiento mundial en el momento.

Claramente no hemos aprendido nada de esta lección, solo hay que ver la respuesta internacional al anexo de Crimea a Rusia el año pasado y los niveles de deuda externa que tienen los países de lo que me voy a tomar la libertad de llamar el “segundo mundo” e incluir a México en él. La deuda externa de México es de 182,000 millones de dólares, no es impagable y en las dos décadas después de la crisis de 1994 se puso bajo control, pero es una losa que dificulta (no imposibilita) el salto al primer mundo.

Las reparaciones de la Primera Guerra conectaron los azares de los participantes, pero no fueron lo que propagó la Segunda Guerra. En el próximo capítulo cubriremos la dicotomía entre el internacionalismo e imperialismo y cómo éstas raíces de la Primera Guerra fueron semillas de la Segunda y de la Guerra que Terminará al Mundo.

juanmaria7@gmail.com
www.osomaloso.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.