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Viernes , 21.09.2018 / 17:02 Hoy

Columna de Juan María Naveja Diebold

La gravedad de la caída de la bolsa

Juan María Naveja Diebold

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La caída de 3 a 5% de las bolsas estadounidenses el lunes totalizó una caída total de 8.5% en el índice industrial Dow Jones y 7.8% en el índice S&P 500 iniciada el día 26 del mes pasado. Es un movimiento brusco y acelerado, pero, hasta el momento, no es una crisis financiera, no indica una recesión, ni siquiera entra en la categoría de corrección de mercado (que inicia al 10%).

El mercado ya esperaba una caída, después de todo, durante 2017 el movimiento negativo más grande fue de 3% y la bolsa había subido 38% desde noviembre 2016. Los mercados pujantes requieren de periodos de consolidación e incluso correcciones en su crecimiento.

Sin embargo, la volatilidad del lunes despierta varias preocupaciones en los mercados: el alza del costo de financiamiento, un freno en el crecimiento económico inesperado causado por fricciones políticas y una inflación elevada desproporcionalmente por el costo de los servicios.

Empecemos con la última. Aunque es divertido tomar bienes específicos a nuestra vida, como el aguacate, algún medicamento o la gasolina y quejarnos de cuánto ha subido de precio; la realidad es que los precios de los productos han bajado dramáticamente en todo el mundo. La tecnología y el comercio mundial han hecho que los bienes sean más baratos de fabricar y que los mismos sean producidos bajo las condiciones más económicas posibles. Una vez que toman en cuenta la inflación y si suman todos los productos en total, el porcentaje de su gasto en productos ha caído – lo contrario se puede decir de los servicios.

Mientras que los productos han podido ser fabricados más eficientemente, los servicios siguen siendo el resultado predominantemente de mano de obra humana y, en parte por el capital disponible por la baja de precios en productos, la demanda por servicios ha aumentado exponencialmente. Nuestro gasto ha aumentado en categorías como entretenimiento, comida preparada, telecomunicaciones, salud, comodidad, etc.

Generalmente, éste fenómeno es bueno, significa que las personas pueden comprar más cosas porque las posesiones son más baratas y porque tienen empleos en el sector de servicios que pagan más, pero también es un círculo vicioso. Si la rentabilidad de los sectores de producción y transformación sigue cayendo, afecta la economía, que afecta la demanda por servicios, que afecta al empleo...

La segunda preocupación de los mercados es la que ocupa estas páginas todos los días, solo que las facciones políticas en todos lados son más volátiles de lo que eran hace unos años. México no es el único país que ha enfrentado una elección que encabeza un líder que amenaza al status quo y a los mercados les gusta la estabilidad. Puede ser desmotivante tomar en cuenta la turbulencia que ocasiona el cambio al votar, pero es un factor relevante en todas las elecciones.

Por último, está una preocupación de la que hablamos frecuentemente en esta columna. Desde 2008 los bancos centrales bajaron el costo del financiamiento a niveles artificialmente bajos para estimular el crecimiento económico que sacó al mundo de una crisis crediticia. Lo que sucede con un periodo largo de capital barato es que los inversionistas, desde el individuo comprando una televisión a crédito hasta el gran fondo usándolo para invertir en posiciones mil millonarias, lo toman; es dinero barato.

El lunes pasado es un recordatorio que la bolsa también está sujeta a la gravedad y éste crecimiento también tiene que aterrizar y si el aterrizaje es una explosión en vez de un desaceleramiento, será algo como nunca hemos visto.

juanmaria7@gmail.com
www.osomaloso.com

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