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Martes , 23.10.2018 / 14:46 Hoy

Columna de Juan María Naveja Diebold

Durmiendo con el enemigo

Juan María Naveja Diebold

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Los mexicanos estamos inevitablemente invertidos en la prosperidad de los Estados Unidos. Tenemos que cuidar nuestros propios intereses en la relación bilateral, pero en el marco global nuestro bienestar está atado al estadunidense. Gobiernos mexicanos más hábiles tratarían incluso de influenciar el rumbo político del país vecino, por lo pronto los ciudadanos nos mantenemos preocupados de las noticias que llegan del norte.

La evidencia de la colaboración entre el presidente de Estados Unidos y el de Rusia, su principal enemigo geopolítico es incontrovertible. Reportes de The Washington Post el lunes acusan a Donald Trump de compartir secretos de espionaje al embajador y al secretario de relaciones exteriores rusos y The New York Times un día después descubrió el contenido de un memorándum en el que Trump le pide al entonces director del FBI, James Comey, cesar las investigaciones del rol de Rusia en las elecciones del año pasado que lo llevaron a la Casa Blanca. Hay más pistas, demasiadas para enlistar en este artículo.

Vladimir Putin es producto de la agencia de espionaje rusa KGB y gobernante supremo del país desde 1999, siempre tratará a Estados Unidos como a un enemigo, así que no se puede menospreciar su influencia sobre el presidente Trump como nada menos que un ataque ruso a la soberanía y el bienestar estadounidense y una traición a la patria de parte de todo el equipo ejecutivo. Sin embargo, a pesar de los deseos de los medios de comunicación y la oposición a Trump, nunca se ha removido a un presidente de Estados Unidos, y dado a que el partido político que lo nominó controla la cámara de representantes y el senado, de los cuáles se requerirían la mayoría y dos terceras partes respectivamente para desaforarlo, es prácticamente imposible quitarlo de la presidencia antes de 2021. Eso sin contar que un gran porcentaje de los ciudadanos le creen a Trump por encima de las evidencias en su contra.

Así que para todos los que estamos interesados en el bienestar de Estados Unidos (prácticamente todo el mundo excepto Rusia, Corea del Norte y un puñado de naciones islámicas), tenemos que enfrentar la manipulación rusa sobre la presidencia estadounidense y concentrar nuestras críticas y enojo en Trump y no en los ciudadanos estadounidenses que ciegamente lo apoyan. Después de todo, la meta de Putin es debilitar a Estados Unidos profundizando la división ideológica entre la población urbana con educación superior y la rural con empleos manuales.

Tratándose de autócratas rusos, tenemos que acordarnos que solo dos gobernantes desde el Zar Alejandro II (1881), no han proyectado al Occidente (no solo Estados Unidos) como enemigos de Rusia (Gorbachev y Yeltsin) y la mayoría eran más autócratas y violentos que Putin (Chernenko, Andropov, Brezhnev, Khrushchev, Stalin, Lenin, Nicolás II y Alejandro III). Así que la situación podría ser más escalofriante y aún con lo imposible que parece encontrar paz y colaboración entre Rusia y el Occidente, es más viable pintar a Putin como un potencial aliado que al típico gobernante ruso.

Por nuestra parte, no podemos ignorar en esta situación que México, lejos de ser un poder mundial, es parte del bloque occidental. Quizás no figuramos en un conflicto bélico, pero por supuesto que somos un agente económico y geopolítico en la mira de la manipulación extranjera, y somos susceptibles a que manipulen nuestra soberanía.

juanmaria7@gmail.com
www.osomaloso.com

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