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Columna de Juan María Naveja Diebold

Derechos inalienables

Juan María Naveja Diebold

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Hace un par de semanas estalló en redes sociales el caso llamado **Lady Coralina. Para los que viven bajo una roca, surgieron varios videos de una mocosa besándose con diferentes parejas en su despedida de soltera, el espectáculo se volvió viral y desató una discusión nacional. El diálogo se ha centrado en lo diferente que es cuando el culpable es un hombre, pero a mí me parece que la injusticia está en la violación de la privacidad de la joven exhibida.

Entiendo tanto la reacción del público por lincharla como el fervor por defender sus acciones. Para ambas facciones les ofrezco la compensación de que el sufrimiento que le han causado a esta muchacha ha sido un castigo excesivo y que al parecer el novio la perdonó (bien por él). El tema fundamental para mí no es en la disparidad de géneros, tampoco si las generaciones se han vuelto más promiscuas con el paso del tiempo. Lo importante es que una niña de 20 años ya no puede cometer un error sin que la persiga el resto de su vida, porque no se confundan, lo que a nosotros nos entretuvo unos días, a ella la torturará por siempre y unos besos borrachos no merecen ese castigo.

El escarnio público es un juez implacable y, por supuesto que, quienes subieron los videos, amistades o desconocidos, son unos desgraciados; esa fechoría es mucho peor que el mismo engaño; pero lo más impresionante son todos los que lo compartieron ¿No piensan en la consecuencia que tiene para las personas involucradas? ¿Conscientemente les vale más su entretenimiento?

Lo mismo para todos los que lo comentamos, yo mismo me cuestioné si debía escribir del tema para no darle más vuelo, sólo lo hago porque no he visto que nadie note el precedente que este caso representa. Claro que uno supone una cesión de privacidad cuando actúa en público, como lo estaba haciendo esta joven, pero no es una concesión de grabación ni reproducción del acto. Ningún medio de comunicación debió haber reproducido esto, ninguna persona lo debió haber compartido en redes. Si una niña se pone borracha y le pone el cuerno a su novio, no es un tema de interés nacional, no hay ningún beneficio de exponerla más allá de satisfacer nuestro morbo.

Evidentemente no hay una fuerza editorial, ni en el periodismo del siglo XXI y mucho menos en las redes sociales. Es tan peligroso como una ciudad sin policía, pero francamente no hay nada que podamos hacer al respecto, la caja de Pandora está abierta. Sin embargo, en este país nos enorgullecemos de proteger los derechos naturales de nuestros ciudadanos; el trabajo, la educación, la salud, la vivienda; y no hay protección para la vida privada. Les pregunto ¿No es la privacidad un derecho inalienable de todas las personas?

Por supuesto que, como todos los otros derechos, la privacidad tiene sus límites, por ejemplo, delinquir puede llevar a perderla, pero es vital a nuestra existencia establecer el derecho constitucional a la privacidad.

juanmaria7@gmail.com

www.osomaloso.com

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