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Domingo , 27.05.2018 / 22:38 Hoy

Columna de Juan María Naveja Diebold

Asesinato a la mediocridad

Juan María Naveja Diebold

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Muchos de quienes tenemos entre 20 y 70 años en el siglo XXI en algún momento vivimos la decisión de la socialización de los medios. Algún día elegimos dejar de comprar el periódico, pagar por música, frecuentar el cine, contratar televisión por cable e incluso poseer automóviles. La revolución informática nos ha empujado ciertamente con los Netflix, Zipcar y Pandoras del mundo, pero en algún momento conscientemente despreciamos lo que estamos dispuestos a pagar por estas cosas y ha tenido consecuencias evidentes.

El efecto positivo de la desmonetización de servicios es que al hacerse más baratos, la lógica dicta que más personas podrán disfrutarlos o que individualmente podemos tener más de los mismos. El contrargumento económico básico es que a menor disposición de pagar baja la oferta, solo que en este caso específico hay una sobreoferta de personas que quieren ser periodistas, cineastas, producir automóviles, etc. Lo que genera una oferta constante que, junto con la actual tecnología, ha logrado bajar los precios.

Parecería un oasis para el consumidor y, a simple vista, lo es. Por una módica membresía de Spotify los usuarios tienen acceso a un sinfín de música, lo mismo series de televisión y películas en Netflix. Cientos de miles de personas ven producciones que antes sólo consumían los aficionados más voraces. La realidad es un poco distinta.

La entrada de una oferta avasallante de personas dispuestas a generar contenido gratuito a cambio de publicidad y/o la posibilidad de fama ha llenado todos los canales de contenido de calidad impredecible. Por ejemplo, hay series, más malas que buenas, que están totalmente gratuitas en YouTube. Al mismo tiempo la proliferación de un público indiferente y hambriento les permite existir y sobrepasar a quienes hacen un producto un poco mejor, que no satisface a los más dedicados fanáticos, pero ahora tampoco tienen un público entre quienes están dispuestos a vivir con lo mediocre.

El resultado es que en el cine sólo sobreviven las películas que tienen una experiencia intrínseca de foros grandes, predominantemente las que tienen efectos especiales y caricaturas, y las que son baratas de hacer y pueden sobrevivir con pequeños públicos; lo que algunos llaman cine de arte o de autor. Por si lo dudaban, este no es un platillo muy atractivo para creadores talentosos, lo que explica por qué cada vez vemos a más talento dejando la pantalla grande por miniseries.

Supongo que ésta es mi manera larga de decir que el cine ha estado pésimo este verano.

juanmaria7@gmail.com

www.osomaloso.com

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