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Martes , 25.09.2018 / 01:16 Hoy

Autonomía relativa

Peña sigue pagando

Juan Ignacio Zavala

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Sin duda, el asunto de la tesis del presidente Peña es escandaloso. De hecho, ya todo lo que rodea a Peña es materia de escándalo: su pasado, su presente, su futuro, su equipo, su trabajo, su pareja, lo que hizo, lo que pensó, lo que no, lo que leyó y lo que no leyó, lo que aprendió, lo que copió, la foto, el video, su casa, su departamento…

Todo es escándalo porque un buen número de personas está dispuesto a creer cualquier fechoría por parte del Presidente. No le resto gravedad al asunto del plagio en la tesis. Es un acto de deshonestidad aunque no hubiera llegado a la Presidencia. Como se trata de un gobierno calificado de corrupto, la evidencia del engaño y la trampa viene a documentar que el hombre era así desde temprana edad. El hombre público debe asumir su pasado tal cual. En política se paga cada centavo.

Me llama la atención un par de cosas alrededor de este tema. La primera es el odio rampante que suscita la figura presidencial. Entiendo que las redes sociales son en parte un lugar para la burla y el sarcasmo. No me asusta, pero también es cierto que es un espacio para la leperada, la acusación anónima y el insulto barato. Bastaba que alguien cuestionara la gravedad —más bien el nivel de gravedad— del resultado de la investigación periodística de Aristegui para que cayeran montones de insultos sobre que se atrevió a opinar. Incluso hay gente que considero inteligente y razonable que descargaba su espada flamígera exigiendo la inmolación del Presidente. Hubo quien, fuera de control, se erigió en “custodio de la integridad pública”. Por lo general el ambiente, por ejemplo en Twitter, puede ser de linchamiento y este fue el caso. Las pasiones que desata contra el presidente Peña —francamente no conozco que tenga ninguna pasión a favor— son también escandalosas. Hay que decir que este gobierno las tiene bien merecidas.

La segunda cuestión llamativa es precisamente que todo se centra en el Presidente. Ya en alguna ocasión he comentado en esta columna que sorprende que el Presidente sea el que paga todos los costos de imagen en este gobierno. Es él directamente el que pagará, por ejemplo, el costo del desorden del desempeño inicial en las olimpiadas. A pesar de las disculpas de Castillo (soy de los que piensa que las disculpas se aceptan, pero no borran lo hecho), el desánimo fue generalizado. Que Castillo diga que cometió un acto “de frivolidad” llevando a la novia debe tomársele en cuenta. Pero lo increíble es que él sintiera que las cosas estaban como para llevar a la novia a las olimpiadas. A los colaboradores del Presidente les vale madre su jefe. Eso es claro. Solo así se explica que hagan lo que hagan y digan lo que digan. Hace mucho que este gobierno no está para frivolidades. La respuesta de la Presidencia al reportaje de la tesis es pavorosa. Muestra un desprecio enorme por los señalamientos contra su jefe. Parte de la nota fue la mísera respuesta que dieron. Pero para ellos no hay bronca: el Presidente paga. Ojo, ya no le queda mucho para pagar porque ya va en 23 de popularidad.

Twitter: @juanizavala

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