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Viernes , 22.06.2018 / 13:48 Hoy

Autonomía relativa

La palabra del criminal

Juan Ignacio Zavala

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Es innegable el éxito de las autoridades con la detención del matrimonio Abarca. Por semanas ha sido una repetición constante al tiempo que un poco de la historia del matrimonio se hacía conocida para espanto general. Cierto que no hay nada de los estudiantes todavía, pero no se puede negar que la aprehensión de esta pareja es un gran avance para saber qué sucedió aquel día con los estudiantes. No solo eso, también es un paso en la justicia en este caso, aunque ésta es imposible sin encontrar a los muchachos, también lo es sin los culpables tras las rejas.

Sigue sin entenderse muy bien la estrategia gubernamental de no informar nada y, simplemente, corroborar lo que ya se sabe. Pero lo cierto es que cada día tienen más información y pueden estar a la espera de hilar una gran historia y no darla en abonos semanales. Es el caso de la tercera persona detenida. Seguramente será parte central de lo que sabremos algún día.

A muchos, me encuentro entre ellos, nos sorprendió que el matrimonio estuviera vivo. Las historias de crímenes y criminales que conocemos, casi siempre por la prensa, nos indicaban que eran un importante eslabón en su estado entre el crimen organizado y la política. Los rumores que comenzaban a circular sobre ellos los hacían especialmente peligrosos en términos de información. De hecho, lo siguen siendo. Así que la idea de que ya no estaban con vida era compartida como si fuera un hecho. Además resulta sorprendente que, al pertenecer a una banda delictiva, como se nos dice que son (ella hermana de dos hombres que pertenecían a un cártel y que fueron ajusticiados por otro), no pensaran que si los atrapaban pasarían el resto de su vida en la cárcel. Eran los delincuentes más buscados en el país. Quizá aferrarse a la vida, apostar al olvido o la comprensible estupidez ante una circunstancia fuera de control, los llevaron a esconderse y apostar a que podrían vivir de esa forma durante años.

Estamos ante una historia poco frecuente. Se trata de un matrimonio que pudo haber llevado sus actividades delictivas a niveles que tienen espantados al país y a la comunidad internacional; se trata de una pareja con actividades políticas destacadas en su localidad y que deseaban extender su mandato por varios años (recordemos que ya para la siguiente elección de presidentes municipales habrá reelección por lo que la señora Pineda podría haber llegado a gobernar Iguala varios años consecutivos). Sabemos lo que hicieron el fatídico día de septiembre con los estudiantes, pero no sabemos lo que hicieron antes (salvo el asesinato, a manos del alcalde, de un adversario político, según denunció René Bejarano).

Lo que viene no es sencillo: los medios pendientes de las declaraciones del presunto delincuente. ¿A quién va a ventanear? ¿De quién se vengará? ¿Quiénes dirá que son sus socios, sus padrinos, y hasta sus compadres y amigos? ¿Qué dirá la señora? ¿Embaucará a Aguirre? ¿Se deslindará de su marido? ¿Qué planearon durante las semanas que pasaron en sus escondites? Estamos ante la posibilidad de una telenovela o de un drama político. Posiblemente una mezcla de ambas.

Este es un reto para la autoridad pues no bastará el dicho de Abarca. Y no bastará en ninguno de los terrenos de la investigación, pues Abarca mismo se puede deslindar de la orden de desaparecer a los estudiantes, lo mismo puede decir, o inventar, respecto de sus vínculos políticos, dichos y hechos. A las autoridades corresponde comprobar lo que declare el delincuente. Pero también es un reto para la sociedad ¿qué valor le vamos a dar a la palabra de un criminal?

http://twitter.com/juanizavala

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