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Cadena de mando

Y ahora, ¿quién podrá defenderlo?

Juan Ibarrola

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No hay, no existe y mucho menos se puede crear en menos de seis meses un cuerpo de seguridad que, además de cuidar la integridad física de un presidente y de su familia, le otorgue logística, planeación, administración, servicios de salud y un sinfín de actividades que, bajo ninguna circunstancia, pueden considerarse como excesivas o innecesarias.

Es obligación del Estado mexicano proteger y brindar todas las facilidades al presidente y a la Presidencia de la República para cumplir con una agenda diaria, para atender a los mexicanos y para dar la fortaleza necesaria que todo jefe de Estado requiere.

El presidente de México está considerado como un bien que puede afectarse o en su caso vulnerarse por actores internos y externos que lo amenazan todos los días; entonces, es un activo que, de afectarse, se convierte inmediatamente en un impacto a la seguridad nacional.

El Estado Mayor Presidencial está formado principalmente por militares, aunque en él también colaboran civiles. La lealtad, disciplina, patriotismo y eficiencia de los militares en este país no está en duda para nadie, por lo que no confiar en los beneficios que le reporta a la institución presidencial es, más que un error, una irresponsabilidad.

Lo que debe entender el virtual presidente electo y su equipo cercano es que ya no se trata de Andrés Manuel López Obrador; ahora se trata del futuro presidente de México, del futuro titular del Ejecutivo federal y del futuro comandante supremo de las fuerzas armadas, al cual el pueblo no lo puede defender y no porque no exista el ánimo, sino más bien porque el pueblo no tiene la preparación ni mucho menos la obligación de hacerlo, al contrario, es el presidente de México quien tiene esa obligación.

La protección al presidente y su familia no significa únicamente la seguridad física. La protección adquiere una dimensión tal, que contempla el uso de los mejores recursos —humanos, tecnológicos, técnicos, administrativos, operativos, de infraestructura y de equipamiento— que tiene este país para lograr los objetivos que el presidente tiene en función de la mejor marcha y rumbo de la nación.

No he escuchado una sola voz del pueblo pidiéndole que no utilice los servicios del Estado Mayor Presidencial.

La única institución que no debe debilitarse es precisamente la presidencial; gobierne quien gobierne, sea del partido que sea, tenga la ideología que sea o bien un proyecto de nación diferente.

Nadie mejor preparado para defenderlo que el Estado Mayor Presidencial.

jibarrolals@hotmail.com
@elibarrola


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