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Domingo , 16.12.2018 / 04:50 Hoy

Reseña

Poder y compromiso del Campeón

Juan Gómez Junco

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Aunque apenas sea la jornada uno, al campeón hay que exigirle porque como institución ganadora ha demostrado ser relevante, tiene poder, derrocha éxito y sabe comprometerse cuando la ocasión lo reclama. Santos ha tenido el valor de confiar en sí mismo, sin presunción y sin falsa timidez. El campeón vigente tiene la obligación de ser relevante, sólo por serlo. Ayer, con apuros y por lo pronto, supo validar su sexta estrella. 


El campeonato tiene el defecto de coquetear con la gente para solicitar otro. He aquí la tentación porque el círculo se hace virtuoso, es engañador, seduce a obtener más placer, que se goza, pero ofrece rostro de traición. El Campeón sigue siendo humano, expuesto a fallar, aunque relativamente hace poco lo hayamos apreciado perfecto. Al ganar todo invita a seguir ganando. Ayer, la trifulca de un golazo de un ex santista, puso todo en aprietos. 


A un golpe de fortuna suele sucederle otros éxitos del mismo modo que puede ocurrir lo contrario. El poder que posee el Campeón sirve para ostentar grandeza pero al mismo tiempo, le añade la etiqueta de calidad reservada, porque el compromiso aparece como autoridad exigente, ésa que no admite excusas. Es una postura cruel, ambivalente pero feroz. Ayer, la casa estuvo bendita, otra vez, y sacó la victoria con enjundia. 


Si eres Campeón, aunque sea otra competencia, brota la necesidad de volver a demostrar éxito, poder y presencia. No está permitido ocultar el éxito anterior, se demanda presencia de otras satisfacciones para la concurrencia que tuvo el gusto de saborear lo mejor, causando envidia en otras aficiones. Ayer, el campeón no podía soportar una derrota contra el rival más débil. 


Tenía que demostrar su conquista reciente.

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