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Lunes , 23.07.2018 / 03:45 Hoy

Reseña

Noche romántica

Juan Gómez Junco

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La dimensión desconocida de la vida se apareció en la noche del amor. Pero, como suele suceder en los encuentros amorosos, primero era necesaria la presencia de la molestia, la incomodidad y el desaliento con perdón añadido. Orozco cometió el error de su existencia, sólo por eso merece irse a la banca, para ser parejos, pero sus compañeros le resolvieron el problema y ahí empezó la hazaña con romance perfecto.

Tavares no cree en nadie; hasta se mandó hacer un traje de crack. Osvaldo se la debía a sí mismo, Furch luchando para todos y Rodríguez sanando sus heridas. El equipo se puso serio a favor de su portero para aminorar los embates de las desgracias tempraneras. El buen actuar lagunero, antes de empatar, daba serios avisos de que el panorama se podía aligerar. Y sucedió. Parecía una utopía amorosa.

Noche mágica que provocaba exceso de confianza recuperándose del error terrible que decretó el milagro. Minuto macabro que pintaba para tragedia pero el compañerismo y el buen actuar se esmeraron para transformar los reclamos y silbidos, en alegórica victoria. La noche no se atrevió a venirse encima porque se acordó que era un día diferente convocando a la reconciliación, al amor, a la amistad graciosa.

Debemos agradecerle a Orozco su gran detalle que obligó a sus compañeros a lavar la afrenta, prueba de amistad solidaria y de amor frenético. El buen futbol hizo aparición, otra vez, con el jugador del torneo (JDT) y poco a poco la velada fue tersa, graciosa, contagiante. El amor inició siendo pecado pero terminó con deleite celestial.

El juego nocturno quiso parecerse a la celebración del día. Todo fue romántico.

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