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Martes , 23.10.2018 / 14:30 Hoy

Reseña

Mariachi, colorido y abucheo

Juan Gómez Junco

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Feliz viaje, y si se puede, mejor regreso. Antier, el Estadio Azteca fue el tabernáculo de las ilusiones, el teatro del pueblo, la plaza pública donde todo florece (igual que cada cuatro años ha sucedido) con deseos fervorosos porque el colorido era de fiesta. Hasta la visita aportó su peculiar música con la vestimenta tradicional para engalanar más la despedida. 


El altar de los sacrificios solicitaba víctimas para alabar y adorar a los dioses. Todo eso lo hubo, y con creces. Nada faltó. La cita fue bella, espectáculo ideal para reverenciar a las divinidades aunque al final, les quitaron el “fuero” y poco faltó para ser apedreados.


Si desde siempre quitaron al “Gallito” para dar sagrada excusa que Molina estaba por su juego aéreo, pero a éste también lo borraron, la pregunta de los ingenuos es: ¿Por qué sí Rafael Márquez? Los adoradores argumentan pero a la vez la deidad se molesta al palpar incongruencias. Al dios del futbol también le incomodan las “cositas raras”. Los aduladores realizan esfuerzos conmovedores para ni siquiera acariciar el tema porque este falso dios se puede molestar.


El colorido se preparó para la fiesta e hizo su papel; cumplió. El Mariachi entonaba lo que de su inspiración brotaba, al cabo cada cuatro años es la misma historia que suele terminar en tragedia conocida. El abucheo aguardó a que le otorgaran permiso para aparecer. Necesitaba la venia del auditorio. Fue respetuoso de los otros elementos del espectáculo, incluyendo a los que en el rectángulo intentaban exhibir algo grato. Juan Carlos dijo no darse cuenta. ¿Será que tampoco se percata de lo que hace, declara y sostiene?


El rival llevó colorido; sólo eso. El mariachi puso música para recordar tiempos mejores que al final se desvanecen. El abucheo se desquitó de varias que le debían. Todo comprensible porque a esa feria ya hemos acudido, la hemos visto, visitado y vivido. 


Que nadie se agite de más ni se afane por defender lo muy poco salvable. Rafael Márquez es el nuevo abanderado del futbol que no queremos y del país que no necesitamos.

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