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Reseña

La mafia de la emoción

Juan Gómez Junco

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La medalla de oro obtenida en Londres en 2012, más el triunfo ante Alemania del pasado domingo nos invitan urgentemente a volver a plantearnos la decisión tomada hace tiempo por la “mafia del poder” al permitir (casi obligar) que los clubes de nuestro futbol, tengan tantos, tantísimos extranjeros en su plantel. 


¿Siguen siendo los extranjeros los que aportan el espectáculo en nuestro país? ¿Esos extranjeros derrotaron a Brasil en los Juegos Olímpicos, y vencieron a Alemania en Rusia? ¿Fueron extranjeros?


La mafia del poder no cede ante el reino de la emocionalidad que dicta contentamiento pero invita a la muy seria modificación de las decisiones del pasado. 


Los de pantalón largo se esmeran por perjudicar su negocio, minimizando al mexicano, cuando los dos verdaderos y grandes logros (ya citados) son los que solidifican al jugador mexicano, llámese como se llame. El reino de la mafia se resiste a cambiar sustancialmente sus posturas.


No les basta lo hecho por mexicanos en eventos de mundial magnitud. ¿Qué se necesita? ¿Acaso sólo ser honestos y favorecedores de lo que en nuestro suelo germina? La inclinación hacia los forasteros ha sido persistente y perniciosa. El par de logros mundiales conquistados sólo por nacionales, aquí señalados, deben ser la bandera y causa para modificar sustancialmente.


La “mafia del poder” se resiste a establecer otro gran reino, el de la emocionalidad, que favorece al alma y también a las arcas de los clubes mexicanos. No se han tomado la molestia de bajar a sólo 5 extranjeros por equipo. 


Mejoraría la calidad de seleccionados y producirían más efectividad en sus Fuerzas Básicas. 


Imposible entender tan enorme contradicción. La mafia de la ignorancia se resiste a darle entrada a la aventura contagiante de la emocionalidad.

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