Respetar siempre a todos los rivales es un principio elemental. Confiar en las capacidades propias es sinónimo de auto estima de calidad.
Estar mejor ubicado en la tabla que el próximo oponente y actuar en casa, todo ello junto, provoca una sana pero exigente obligación. Se asienta la victoria lagunera como requisito para seguir adelante en la defensa vigorosa del campeonato. No se pretende despreciar al Tiburón.
Es tema de aplicación congruente para aprovechar las condiciones que hacen la diferencia entre un equipo y otro. Veracruz ya tiene la fortuna de haber ganado de visita, en Puebla. Tigres no cuenta esa dicha. Esta curiosa realidad hace atractivo el partido de este domingo.
Confiar en que Santos logre los tres puntos se deberá a la actuación esmerada de cada jugador albiverde.
Pensar en ganar por decreto será una tentación y hasta arrogancia. Aquí debe brotar la selecta inteligencia de todos para proponerse individual y colectivamente, superar a los escualos. A nadie le regalan algo. De visita, Veracruz ha perdido en Lobos (2 a 0) en Tigres (4 a 0) y en Cruz Azul (4 a 1). Al observar esta secuencia, podemos concluir de forma tranquila pero exigente que Santos debe vencer. Obligado está por varios motivos.
La graciosa novedad de Preciado desde el inicio provocó incertidumbre aunque haya participado de manera indirecta para abrir el marcador. Contra los del Golfo, se antoja que sigan experimentando porque obligó a otros, Isijara por ejemplo, a realizar otras funciones. Además es oportuna la ocasión para probar con cierto riesgo pero calculando las veleidades que el partido mismo pueda ofrecer.