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Lunes , 18.06.2018 / 01:12 Hoy

Paisajes de la memoria

Vivir en los conflictos (otro anecdotario)

Juan Gerardo Sampedro

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Vivir en un conjunto habitacional hecho de módulos de dudoso concreto y entre un par de jardines sin podar, no deja de llamarse, realmente, más que convivir en una clásica y no extinta vecindad. La mente humana es obtusa y conflictiva.

¿Sabemos que un buen porcentaje de mexicanos viven en condiciones esas condiciones? Entonces porque no habrían de aparecer en las páginas policiacas de los medios conflictos que llegan a las manos terminando en riñas donde la vida se pierde salvajemente de una parte o de otra.

En un seguimiento de estos eventos cotidianos, se ha encontrado que el 70 por ciento de los asuntos que van a parar al ministerio público se dan en el medio descrito. Es mucho; el otro porcentaje se da en la calle (transporte público, cajeros automáticos, y chantajes electrónicos). Aclaro, yo mismo preparé la muestra leyendo la página roja de 10 impresos diferentes durante un mes exactamente.

No se consideran acá los accidentes de tráfico porque aunque tienen su espacio en la página roja, son otra cosa, no delincuencia en sí a menos que uno de los conductores salga colérico arma diestra y arremeta contra alguien sólo porque éste accionó el claxon para evitar que se invadiera el carril, etcétera.

Pues cuidado con las apariencias porque bien engañan.

La psicopatología ha dejado constancia que la actitud conocida como agresiva pasiva es las más peligrosa se puede sonreír y soltar la piedra de la resortera.

Fe, Esperanza y Caridad, la película, se puede quedar corta.

Relato: una familia conflictiva llega a rentar un departamento céntrico en una ciudad común y se apropian de dos cajones de estacionamiento que no les pertenecen de acuerdo a los planos de la construcción. Se les reclama pero hacen caso omiso, no pasa nada. Al poco tiran bolsas de basura en espacios comunes y se niegan a pagar servicios como energía para la iluminación del patio además de consumir al agua de todo el edificio para lavar sus carcachas con mangueras. Otro buen vecino les reclama otra vez sonriendo. No pasa nada. Dos miembros de la agradable familia tienen edad provecta pero viven al lado del padre. Uno de ellos, no confirme, lleva a una mujer, el otro invita a un amigo haciendo que el núcleo crezca como panal de abejas. Se encierran todos, huele a palomitas de maíz y se oyen sólo diálogos de películas. No trabajan y reciben notificaciones bancarias al por mayor. ¿Cómo han conseguido esos autos? Se pregunta el sonriente vecino que ya ha reclamado mil veces lo mismo sin resultados positivos.

Una mañana el hombre llama a la puerta, le abren. Reclama algo y recibe por respuesta (según la información de la redacción) más de cien martillazos en la cabeza.

¿Es al arte de amargase la vida, como el título clásico de Paul Watzlawick? Es posible. Historias que se repiten con variantes. Compleja el alma humana.

jgsampe@me.com

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