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Viernes , 19.10.2018 / 10:52 Hoy

Paisajes de la memoria

Viejos apuntes, relatos actuales

Juan Gerardo Sampedro

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Estoy dándome a la tarea de reescribir algunos viejos relatos que dejé reposar en el cajón del escritorio y que ahora me han brincado inesperadamente porque no hallaba una carpeta que contenía unos documentos más o menos valiosos para mí.

Entre esos rescaté un texto situacional que habla de un hombre que escucha voces y las hace reales, como los esquizofrénicos. Todo estaba escrito en la tipografía de una máquina Olympia y con enmendaduras manuales.

Hay un escrito que he repensado para un tratamiento de más aliento, más extenso. La anécdota ilustra la vida de un extranjero que llega a México a mediados de los años setenta y que es contratado por una marca de complementos alimenticios como agente viajero. Este personaje se hace pasar como exiliado político de un país del sur que acaba de pasar por un golpe de estado, lo dice así y muestra apócrifos documentos.

De alguna manera de hace de contactos y, ambicioso como es, se le mete a la cabeza que aquello de distribuir tonterías no es lo suyo. Se convierte entonces en prestamista asesorado por un abogado de bajísimos escrúpulos.

En la historia criminal de América tengo registrados casos de sobra en los que se dan asociaciones peligrosas, patológicas.

En el apunte que encontré, el personaje de llama Enré (debe ser que alguien así se presentaba por esos días) y pone un anuncio en la sección de clasificados de un medio local. Luego hace firmar a medio mundo lo que sea por miserables cantidades que dinero que ofrece, nada comparable en proporción de lo que se comienza a apropiar.

En mi libro de cuentos "Lo terrible ya ha pasado" se esboza un poco este mismo siniestro personaje.

No sabemos el final de esta historia porque el relato no concluye.

Es quizá por eso importante para mí el haberla reencontrado.

Estoy leyendo a los autores que han trabajado este tipo de argumentos con la única finalidad de saber cómo concluir lo que ahí se plantea. No lo sé.

Puede ser, si lo vemos desde un ángulo fuera de la ficción que el asunto no tenga importancia. Razonamientos poquiteros de los personajes que crecieron en la miseria y que se sienten millonarios e intocables. Aunque no pertenecen a mafia alguna, se dan la libertad de amenazar a sus víctimas y (lo clásico) convertirse en victimarios.

Tengo aquí muchas notas, todo el archivo de los autos de formal prisión que se le dictaron al "Capitán Fantasma", por ejemplo, que podría utilizar para narrar una novela de pocas páginas sobre los sesentas mexicanos.

¿Sería correcto que todos ellos escucharan voces provenientes del infinito?

Hay que revisar qué vale y qué no vale la pena. A lo mejor todo debe irse a la basura; mientras seguiré escuchando la "música que llegó para quedarse".

jgsampe@me.com

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