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Paisajes de la memoria

Un consejo del rey del terror

Juan Gerardo Sampedro

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“Mientras escribo” es el título donde el maestro Stephen King recomienda a los escritores cómo escribir en tres meses una novela. Muy fácil, dice él: no se fijen un horario y dense a la tarea de redactar doce mil caracteres diarios. Sencillo.

¿Ahora alguien habla de las cuartillas? ¿Qué era una cuartilla? Lo describo: una hoja blanca tamaño carta de 29 renglones de 64 golpes cada uno. He querido realizar un experimento pero el tiempo ha sido injusto y poco flexible conmigo debido a causas múltiples. Un experimento, he dicho. ¿Doce mil caracteres en el Word a cuántas cuartillas reglamentarias en una Olympia corresponden? No me lo imagino. Habrá que realizar el comparativo. Un día de estos escribiré varias con esa frase del personaje de “El Resplandor” y entonces, en un recurso electrónico haré un copy-page del “no por mucho madrugar amanece más temprano”, sabré así el resultado. Por lo pronto tres mil caracteres en 12 puntos (la tipografía puede variar) da una página carta con poco margen. Estaríamos hablando que de proponerse escribir los doce mil estaríamos ante cuatro páginas. Disciplinadamente en un mes ya estarían ahí, listas para entrar a corrección de estilo 120 y, en los tres meses que aconseja S.K, habría un cúmulo de 480. Listo.

Pero no es así el asunto, siento marcar una desilusión.

La experiencia me ha enseñado qué hay quienes, meticulosamente, vuelven y regresan a un mismo texto.

Lo que pensé al leer a S.K fue que ese consejo para escritores es bueno cuando, en efecto, no se plantea un horario. Recuerden qué hay manías y hay quienes lo hacen en las noches y otros en las tardes y unos más fumando o escuchando algún programa radiofónico.

Ahora bien, hay otra cosa: se dan casos de personas que prometen escribir, van a talleres pero no escriben sólo lo intentaron para escalar y concluir contratados y jubilados en una cabina radiofónica de la institución que se quiera imaginar el libre pensador. Pero dice el verbo “lo que natura no da, Salamanca no lo otorga”.

Debe ser por todo eso que S.K dice ojo escritores.

Esa recomendación (escribe sin un horario fijo 12 mil caracteres diarios) exige tomar en cuenta mínimo varios puntos indispensables: disciplina y talento, creatividad e imaginación, además de malicia narrativa. Al meticuloso con talento quizá le cueste lograrlo; quien lo hace como Kerouac, “On the road”, puede hacerlo. Depende pues del compromiso hacia lo que se escribe y cómo se escribe. Habra que intentarlo de algún modo, escritores, escritores...

jgsampe@me.com

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