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Viernes , 19.10.2018 / 20:08 Hoy

Paisajes de la memoria

Subasta de la Nena Oscura

Juan Gerardo Sampedro

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Encontré casualmente una página electrónica en la Internet que se llama Subasta de la Nena Oscura. No sé a quién se le ocurrió ponerle ese nombre, pero ahí en el popular FB hay una nueva manera de adquirir libros de antiguo. Son subastas de títulos que ya no se consiguen con facilidad: primeras ediciones, firmas de autores, etcétera. Las subastas arrancan con una puja y un precio inicial y cierran a la hora que indica ahí quien oferta el volumen. Es divertido y es a veces sorpresivo lo que los bibliófilos van encontrándose a su paso. Hay una infinidad de títulos, géneros y sellos editoriales. También se pueden ofertar discos y otras cosas más.

Al rededor de Subasta de la Nena Oscura se han reunido (lo que yo no pensé en un inicio) una buena cantidad de personas. Hace poco vi ejemplos de la obra de Freud en distintas ediciones.

Lo interesante de todo esto es que la entrega de los libros y discos a quienes ganan las subastas, se da en encuentros en las estaciones del Metro. Ya entre ellos se van poniendo de acuerdo. La otra opción es que se obtengan pagando los gastos de envío.

La idea es novedosa y no sé a quién pudo ocurrírsele.

Sin embargo hay una disposición de las autoridades que prohíbe la entrada al Metro a vendedores ambulantes. Se supone que ya no se ven personajes con CDs, tarjetas o globos. Nada de cantantes. Así, en su tiempo, hubieran corrido a Margarito con todo y su guitarra pero se lo llevó Televisa un rato.

Estuve en una librería en Independencia, muy cerca del Metro Bellas Artes. Compré varios libros de la Colección Sepan Cuantos de Porrúa. Iba a entrar al subterráneo y alguien me detuvo y me dijo que era un ambulante. Pues ni modo, no traía corbata y saco ni nada que me hiciera parecer agente viajero. Le dije al vigilante que eran libros que había adquirido apenas y que no eran muchos, si acaso quince, entre ellos un tomo que traía el corrido del Capitán Fantasma. "Nadie puede leer tanto", respondió la barrera humana e insistió en que yo era un vendedor ambulante. No logré pasar pese a mis ruegos, simple: no lo convencí. Me pregunté qué debía hacer en ese momento, además me urgía llegar a mi casa por razones muy personales.

Me indicaron que dejara las bolsas, algo que no hice. De Bellas Artes a San Lázaro, pensé, esto es bastante ridículo. Uno sabe que no puede ponerse necio ante una disposición así, pero entonces cualquiera que cargue más de diez libros (o discos o ropa) se convierte ante los ojos de los vigilantes en un ambulante.

Me las arreglé como pude. Discutí y discutí y nada: "nadie lee tanto, le repito", dijo el cancerbero. Le perdí a un señor que iba a entrar que si me haría el favor de pasar cinco libritos y entregármelos de inmediato ya adentro, lo mismo hice con una muchacha y ambos aceptaron amables. Fue la única manera.

Esa noche ya en casa, entre a la página electrónica, al FB y estaba todo lleno de quejas y comentarios de todo tipo porque a varios más les pasó lo mismo. Todos ellos y ellas distribuidores y miembros de títulos de la Subasta de la Nena Oscura.

Lo que me pareció novedoso para encontrar textos de antiguo conlleva sus propios riesgos. Ni modo, ahora hay que buscar otros recursos. "Aquí no se lee tanto", dijo el hombre mirando la bolsa con el logotipo de Porrúa. Qué oso, de verdad.

jgsampe@yahoo.com.mx

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