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Miércoles , 12.12.2018 / 08:51 Hoy

Paisajes de la memoria

Programas de la nostalgia

Juan Gerardo Sampedro

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Ayer me llegó mi recurrente recuerdo de Felipita Montes y Chabelo Jiménez, conductores radiofónicos regiomontanos que hace mucho tenían un programa en la “T Grande” destinado a los conductores que (desvelados pero no cansados) andaban de madrugada sobre el asfalto de las carreteras de México. Pero luego pienso en el porqué de la obsesión de esas voces. Y entonces lo entiendo: mi vida era noctámbula, estudiaba cuando ya el silencio imperaba en las aguerridas calles de la época que me llevo a cruzar el zaguán de la preparatoria a la profesional. La radio no me distraía y el cigarrillo era encenderlo, leer y dejar que se consumiera solo.

El programa tenía cobertura nacional, así que cuando yo era llamado a participar de la selección de básquetbol de Lasalle y me largaba a Durango o a Chihuahua me llevaba un radio para sintonizar a Felipita y a Chabelo. Era novedoso e ingenioso su concepto: formaban un equipo de béisbol y comenzaba en el “orden al bat” que no era más que el orden mismo que las canciones iban sucediéndose una a otra.

No puedo decir, no lo tengo en mi registro, en qué momento deje de escucharlos o en qué momento ellos abandonaron el oficio. Me imagino que debió haber sido allá en los inicios de los ochentas.

Entrar a una cabina de radio, ponerme los audífonos y colocarme ante un micrófono, me hace llevar a la imaginación a aquella pareja a la que tantos conductores escucharon.

Algún día prometo escribir una ficción que narre todos estos hechos.

Una de esas noches negras en Torreón, estaba escuchándolos cuando me llegó una ansiedad de esas verdaderamente terribles. Me salí a esa hora de donde me hallaba. Vagamente recuerdo que me calcé unos elegantes mocasines y me puse mi pantalón de vestir marca Portefino. No sé ni cómo ni por qué pero llegué a la pequeña central de autobuses. Los locutores todavía hablaban del orden al bat.

Si hablo de esto es porque releí la novela de Antonio Muñoz Molina, “El viento de la luna” (Seix Barral, 2006), las páginas que contienen comerciales de los sesentas y la referencia de una telenovela peruana que hizo furor, “Simplemente María”.

Considerando las distancias hablé, alguna vez, de la nostalgia por los comerciales de los setentas, pero sucedió que eso enfureció a un grupo de absurdos que me acusaron de banal.

No importa, cuando vuelva a entrar a una cabina radiofónica volveré a los locutores regiomontanos para retomar el sentimiento de la ansiedad y las eternas noches del insomnio. Prometido.

jgsampe@me.com

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