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Martes , 13.11.2018 / 21:15 Hoy

Paisajes de la memoria

Oigan la voz del Azteca

Juan Gerardo Sampedro

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Principios de los añorados sesentas: Paco Malgesto transmite desde la zona de Tlalpan para Telesistema Mexicano y señala los primeros cimientos de lo que sería, en pocos años, el Estadio Azteca. Todo es blanco y negro aún “oiga, usted” y se escucha el ruido de las pesadas máquinas que remueven la tierra. Atrás, en efecto, se observa la construcción que comienza a levantarse.

En 1966, el 29 de mayo, la inauguración del Coloso de Santa Úrsula es noticia internacional: juega el Torino de Italia contra las Águilas del América de México. Y se oyen las alineaciones a través del micrófono y después la información de quien anota el primer gol de la historia en el Estadio Azteca: “Gol anotado por Arlindo Do Santos”.

El tiempo debe transcurrir como es debido, pero muy pronto (o desde sus inicios) al gigante de concreto se le asignó una voz propia, la que permanecería ahí durante más de cincuenta años.

¿Y ahora quién va a sustituir a la inigualable voz del Azteca?

No será tarea sencilla.

¿Qué le faltó por narrar a Melquiades Sánchez Osorio? Creo nada y mucho porque no hablemos del presente o del pasado, recuérdese que el futuro será historia.

La voz del Azteca era única: va en línea paralela a la historia del estadio. Ahora se podría aventurar, sin exageración alguna, que al Coloso algo le hará mucha falta, la voz de Melquiades Sánchez Osorio.

Melquiades Sánchez Osorio ha muerto a los 90 años de edad.

Se dice que aún con las limitaciones propias de la edad, hacía lo posible por asistir al palco donde se hallaba su micrófono.

Nada increíble que una estructura así, tan imponente, se vea oscurecida porque ya no tiene ni tendrá la voz que la identificaba.

El primer estadio sede de dos campeonatos mundiales, que vio a la selección de Brasil ganar en 1970 la copa Jules Rimet con ese seleccionado versallesco integrado por Félix, Cloroaldo, Rivelino Tostao y el Rey Pelé... que fue testigo de uno de los más hermosos goles de todos los tiempos hecho por Diego Armando Maradona a la selección de Inglaterra en 1986. Triunfos y fracasos del TRI, etcétera.

Y una voz narrativa queda en esas historias: la del Azteca, la de Melquiades Sánchez Orozco. No habrá otra semejante. La mole de concreto, el majestuoso, ha perdido su timbre, el que lo identificaba.

“Oigan la voz del Azteca”, se escuchaba en los comentarios de los cronistas deportivos.

Anecdotario final: Alguna vez a alguien, debió tratarse de un empresario de Televisa, se le ocurrió que el Azteca sería el “Guillermo Cañedo”. No se logró: siguió siendo conocido como el Azteca. Y volvió a ser el Azteca. En una de sus crónicas y protestando por el hecho, Juan Villoro concluyó: ¿se imaginan a los cronistas sustituir el “oigan la voz del Azteca” por el “oigan la voz del Guillermo Cañedo”? Nunca.

jgsampe@me.com

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