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Martes , 11.12.2018 / 23:41 Hoy

Paisajes de la memoria

Los educados de San Garabato Cuc

Juan Gerardo Sampedro

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San Garabato Cuc es el Macondo de Eduardo del Río (Rius), sitio perfecto donde el caricaturista pedagogo hizo hablar a todos sus personajes. Los fabulosos setentas conservaron al inicio la encantadora utopía sesentera bien heredada. Apenas a unos días de la muerte del ingenioso Rius, he observado una opinión común: a través de sus historietas una generación de jóvenes buscamos afanosamente nuevos aprendizajes. ¿Quiénes-díganmelo-no crecieron leyendo el "Rius para principiantes", "Los Supermachos" o "Los Agachados"?

En plenos estudios de secundaria y como capitán de un equipo de basquetbol logré bautizar a la quinteta como "Los Agachados" en honor a Rius. Sabemos que era un autor censurado y leído como pocos.

En efecto: si el estado entonces no quiso aplastarlo como era su intención fue gracias al poder de su público.

Estos muchachos de ayer que escuchábamos lo último que se anunciaba en materia musical en "Pop" o "México Canta", esperábamos por igual el "Duda (lo increíble es la verdad") y quizá uno que otro libro de Lobsang Rampa para experimentar lo qué era supuestamente un viaje astral.

Si un maestro indirecto tuvimos fue Eduardo del Río: un hombre autodidacta que aprendió el oficio del caricaturista. Lo mismo explicaba lo que es el sinarquismo, el populismo, la clase política hasta el marxismo o lo dañino para el cuerpo humano de un medicamento.

Somos una generación que creció de forma indirecta en San Garabato Cuc.

Sólo hallo un antecedente inmediato a lo que Rius logró crear: "La Familia Burrón" de Gabriel Vargas.

La diferencia: en "La Familia Burrón" aprendimos a reconocer a la pobre sociedad mexicana por el pensamiento de un Don Regino y de una Borola y un Foforito.

En "Los Supermachos" y luego en "Los Agachados" entendimos por los conceptos vertidos, cómo se mueve y de lo que es capaz la clase privilegiada, el interno pensamiento de los poderosos.

Creo que muchos debemos sentirnos satisfechos con los que nos tocó vivir teniendo de modelo a Trastupijes. Nunca hubo otras generaciones de jóvenes como ésa, los que fueron testigos fieles de lo que pasaba, igual a una cinta de proyección, en esos años tan terriblemente sensibles: el mundo debía cambiar, estorbaba la "estúpida momiza", el amor era la salvación, el hombre tenía futuro…

Tanto nos enseñó Ruis. Recordar y releerlo es nuestra tarea. El "Rius para principiantes" habrá que difundido a las nuevas generaciones para que sepan cómo fue nuestro mundo.

Y pensar que el sueño terminó cuando llegó Travolta.

jgsampe@me.com

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