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Paisajes de la memoria

El tiempo, el poder, la nada

Juan Gerardo Sampedro

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Mi única y actual obsesión sigue siendo el tiempo y lo que nos transcurre a través de él. “Todo pasa y todo queda”, Antonio Machado. ¿Cuántos años luz de que yo veía tan distante el mítico (por novelado) 1984? Le debo una nota más amplia a quien me enseñó a observar y a no temer a la muerte, al hermano lasallista Maurilio Barriga Gaona, autor de muchos libros de texto que formaron a generaciones enteras. Sus cátedras eran también grandiosas homilías. Tan lejano me parecía 1984 como tan próximo me parece ahora el 3000. Terrible analogía.

Al tomar conciencia de todo esto me quedo satisfecho de no tener nada más que mi pequeña biblioteca y uno que otro mueble apolillado. ¿Para qué enfermarse deseando el control del mundo y acumulando riquezas si (gracias, hermano Barriga Gaona) terminaremos en un mal estilado ataúd? La vida, a veces, termina en un segundo.

Siempre he creído que los días no concluyen en las tinieblas: los amaneceres son por igual temibles ciclos cerrados. Lo comprendo bien, Julio Cortázar: “La vida es un instante fugaz”.

Crecí entre personas bondadosas que bien podrían ser consideradas como fanfarronas: un tío que dejaba al taxi esperándolo horas enteras mientras disfrutaba de sus finas bebidas en mi casa paterna; un padre que preguntaba a los meseros a cuánto ascendía la cuenta para dejar el doble de propina sobre la mesa de los exclusivos restaurantes a donde nos llevaba a cenar.

Entonces para qué acumular tanto y tanto si habremos de partir como las tardes, como bien lo dicta Piero.

Cuando hace tiempo me engañó (¿será la palabra justa?) un notario de casta impura y me dijo que me cuidara, decidí cerrar el caso. Ahora pienso quizá reabrirlo. No lo sé aún. Tuve un amigo que frecuentaba el café Aguirre del centro, Don Sam Aburti, de origen libanés. Cierta vez me preguntó “¿con cuánto dices que te timó ese hombre? Le respondí la risible cantidad y me aconsejó “ya déjaselo todo, es más molesto andar en cosas engorrosas, déjaselo...” Él tenía la razón.

Y luego la obsesión por el tiempo y sus legados que nunca son nada buenos. Pero el tiempo trae madurez y sabiduría, también es verdad. Tarde o temprano cada uno a su lugar, cada uno a lo que se merece.

Qué mejor entrar a casa con la frente en alto. Obsesión por el tiempo y no por aquello que no podré tener mañana. Luego de la muerte sólo hay oscuridad y silencio. Nada.

@coleoptero55

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