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Jueves , 20.09.2018 / 10:42 Hoy

Paisajes de la memoria

El recuento de los iluminados días

Juan Gerardo Sampedro

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Hace pocos días me comprometí formalmente a comenzar a redactar y a concluir (no sé cómo lo voy a lograr) una especie de panorama muy general de lo que se popularizó en materia musical a lo largo de los años sesenta. El motivo es muy sencillo: es la década perdurable, así la he llamado, porque se dieron muchos cambios en las costumbres y en los hábitos de los seres humanos de todo el mundo.

Aunque en realidad nuestra generación vivió el inicio de su niñez más o menos por aquellos años, no hubiéramos sido los xipitecas tardíos setenteros de los que habla Enrique Marroquín en su libro “La contracultura como protesta” que, mención aparte, lleva varias reediciones.

Me he propuesto ahora, en este artículo, no mencionar nombres de canciones ni de músicos porque sé que dejaría a muchos (ni yo me lo quiero imaginar) en el olvido. Sin embargo, he comenzado a darle orden a las cosas: las letras que llegaron para quedarse, temas que han sido también de películas ahora ya clásicas. Tengo frente a mí un buen montón difíciles de discernir.

Conocí a un compañero algo maniático, más o menos como yo mismo, que había coleccionado arriba de cien mil carteles de aquellos donde se anunciaban en las entradas de los cines las películas del momento. Él repartía su tiempo clasificándolos: estas son mexicanas y estas extranjeras, iniciaba... Luego cambiaba de padecer y decía ahora aquí van las de guerra y acá las vidas de santos, las hagiografías. Y no, hoy, en esta fila las de Tere Velázquez y de este lado las de Peter Fonda... Es infinita la propuesta: faltan los directores: allá Milos Forman y en la otra orilla Stanley Kubrick.

Así me hallo en esta tarea: “las que hicieron la historia” / “las románticas” / “las de acción” / “las pasionales” / “las infantiles”.

Y todo comenzó por un reto: la radio nace ya como tal hacia 1930 (veinte años después la TV) y, aparte de las noticias, se escuchaba en las frecuencias música de las grandes bandas. ¿Qué pasó treinta años más adelante, en la misma carretera? muchas cosas.

1958 marca el inicio de una nueva época cuando se inicia el Rock and Roll, aunque se comenzó a manifestar aún antes. Nuevas voces, nuevas propuestas, atrás la momiza formada por hombres y mujeres que apenas sobrepasaban los 30 años.

“Nunca confíes en alguien mayor de treinta”, decíamos los jóvenes de entonces.

Pero todo gira y todo cambia.

¿Por qué aceptar un desafío semejante? mi recuento dejará quizá muchas canciones que en la tornamesa fueron importantes para muchos. ¿Entonces? Criterio sin negociación: lo clásico es lo que permanece.

¿De todo aquello qué es lo que actualmente siguen oyendo los jóvenes?

No hay que perder de vista que muchos grupos y solistas son de un hit y ya; en los terrenos de la literatura pasa lo mismo: autores prescindibles de un par de obras.

Ésa es otra manera de un criterio de clasificación: “los invisibles del momento que se quedaron”.

En fin, qué difícil se me está presentando el panorama.

Ah, por lo pronto busco en mi enorme discografía y anoto en mi libreta lo que he llamado en las diversas clasificaciones “las cinco del día”. Luego descarto y vuelvo, una funcional metodología que me enseño como ejemplo el coleccionista de carteles de cine. Vamos a esperar y dejar que el tiempo diga qué pasa. O si no pasa nada, el mundo seguirá su curso, eso es seguro.

jgsampe@me.com

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