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Viernes , 21.09.2018 / 05:59 Hoy

Paisajes de la memoria

De mi regreso

Juan Gerardo Sampedro

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Breve es el tiempo, su brevedad nos hace, irremediablemente, vulnerables. Luego de una ausencia de pocas semanas, regreso a estas páginas con mis "Paisajes de la memoria". Allá se quedan esas calles pero he retornado lleno de recuerdos. En Oviedo las tardes son púrpuras y mucho más leve el tiempo.

Lo primero fue reencontrarme con esta ciudad. Las ciudades cambian como su gente. Estos últimos días me he metido a todo lo que es la comunicación electrónica; entiendo y sé que es una actual herramienta a la que mi generación debería estar aún poco habituada, pero veo que no. Me pregunto: ¿Volver a la Olympia o al linotipo? ¿Retroceder mínimo 30 años? No. Adaptarse porque no hay opciones. Aún recuerdo cuando trabajé llenando de tinta las planas de un medio sensacionalista y rojo de la ahora llamada CDMX (antes DF), ubicado en una de las calles adyacentes al Zócalo. Y poco después cuando cubrí el Mundial de Futbol México 86 desde la sala de prensa para un medio deportivo. Era la labor de un joven reportero que se sentaba frente al telex a escribir sus notas.

En Oviedo, España, tomé un taller de novela y otro sobre el manejo de la noticia y su vigencia. Es verdad: la noticia envejece mucho más rápido gracias a los usos de la tecnología. Lo curioso es que echamos mano de los mismos viejos teóricos para explicarnos casi todo lo que gira en torno a la comunicación humana.

Mi formación de psicólogo me ha hecho regresar a expedientes abandonados en el pupitre. Es probable que alguna vez escriba mis historias clínicas, pero sólo habré de planteármelo cuando mi imaginación se esté agotando.

El taller de novela que tomé en Oviedo (ahí conocí al editor de Porrúa, José Palma Pérez, y al conocedor del provenzal Lino Álvarez) fue bien estructurado, no como los que ofrecen las grandes tiendas departamentales que forman sus círculos de lectores e improvisan talleres contratando, paradójicamente, a personas que no han escrito una línea verosímil en su vida.

Usar las herramientas actuales. Hace mucho se dijo adiós al telex, la linotipia, el fax y (si nos vamos más allá) al mimeógrafo y al estencil, verdaderas piezas de museo pero que nos dieron la única opción de imprimir nuestros volantes que repartíamos en las marchas gritando consignas por un futuro mejor para los olvidados de la tierra, como el título de Franz Fanon.

De nuevo a este espacio, a estas generosas páginas donde habrán de seguir los paisajes, las crónicas de la vida cotidiana. Aquí de nuevo, tratando de reubicarme en los usos de la comunicación y su ya inalcanzable e inevitable tecnología. Aquí entonces otra vez. Gracias.

jgsampe@me.com

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