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Paisajes de la memoria

De la linotipia el Disc-Jockey

Juan Gerardo Sampedro

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A los Taitas uruguayos exiliados en México luego del golpe de estado en su país en los años setentas, les consta que mi primer trabajo fue en una imprenta aprendiendo el oficio silencioso y artesanal en una imprenta universitaria. Ahí levantábamos las galeras y nos obligaban a imprimir infumables tesis. Pero yo les perdí la pista a los Taitas hace ya mucho tiempo. Lo digo porque mi segundo trabajo fue distribuyendo libros en cuanta feria había a lo largo y ancho del territorio. La distribución de editoriales marginales y de S.XXI dejaba recursos para irse desplazando con tranquila libertad por el mundo. Esos libros los mandaban los Taitas a nosotros, los jóvenes rockeros de izquierda post 1968.

Pero los Taitas se fueron de repente y uno tenía que seguir viviendo.

Ya en el antiguo DF (hoy CDMX) me conecté, a través de la editorial de la UAM-Iztapalapa (gracias, Dr. Adrián Gimate, gracias Dr. José Pascual Buxó) con los trabajadores de una cooperativa llamada “Solidaridad” que estuvo en la Colonia Roma, exactamente en Zacatecas 94. En lo que se hacían las pruebas en los roles, jugábamos los correctores una que otra cascarita de básquet en el patio. Y al otro día a seguir levantando los lingotes de plomo.

Los ciclos terminan y se van entre el aire y el polvo de las tardes. Unos deja rastros; otros no.

Ésos concluyeron (hay que vivir para contar) y me integré a la academia de redacción de mi universidad; ahí logré, aparte de impartir clases, poder ayudar en una cabina de radio a mezclar la música. Esa tarea la llevaba a buen término los fines de semana. Era ya un Disc-Jockey.

Copio textual de Wikipedia: “Un disc-jockey (también conocido con la abreviatura de DJ y su pronunciación anglosajona de deejay) “adaptado gráficamente al español como disyóquey y que suele sustituir a la palabra tradicional de pinchadiscos” es una persona que selecciona y mezcla música grabada propia o de otros compositores y artistas, para ser escuchada por una audiencia. Originalmente, el término disc (o comúnmente disk en inglés americano) se refería a los discos fonográficos, y no a los posteriores discos compactos”. Es decir (vuelvo a ser yo) a los LP y a los de 45 revoluciones.

Pero no sólo eso: entre un comercial y una melodía entraba de repente (por ejemplo) el programa de “La tremenda corte”. Entonces llegaban en acetatos no sé si desde Cuba de donde eran originarios los protagonistas.

Siempre he dicho que mi generación fue la única que vivió vertiginosamente los avances de la tecnología. Del linotipo a la composer (a la par del Telefax) pasando por las máquinas de escribir eléctricas que ya guardaban información y en las que se podían hacer cambios tipográficos gracias a las “esferitas” o las “margaritas”, hasta los veloces ordenadores de ahora. Así lo obligó la propia mercadotecnia.

Lecciones inolvidables: quemarse los brazos porque saltaban las gotas del plomo derretido del recipiente del linotipo, saber la psicología de la persona que buscaba tal o cual título de un libro, llegar a impartir clase y largarse una noche de fin de semana a beber y a hacerla de DJ.

Vivencias enormes que nunca he sabido porque no pongo en mi actual currículum, sobre todo ya cuando no veo lo que leo y trabajosamente lleno una que otra solicitud de universidades patito que me rechazan porque no tengo maestría. A mi edad, ya mejor sólo contemplo las estrellas y hago un poco de meditación Zen. Ya qué más.

jgsampe@yahoo.com.mx

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