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Lunes , 22.10.2018 / 10:23 Hoy

Paisajes de la memoria

Concilie el sueño sin fármacos, oiga la radio

Juan Gerardo Sampedro

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A la velocidad de la luz he escuchado estas últimas semanas una infinidad de propuestas que ofrecen diversos productos para lograr la anhelada felicidad humana. La radio matutina en la estación que se elija habla de almohadas que casi son ansiolíticos dado su efectividad para conciliar el sueño. Me imagino que todos crecimos ingenuamente creyendo que todo eso se debía a la buena voluntad de los espacios patrocinadores. No es así, ahora --menos ingenuos que ayer-- sabemos que todo tiempo, por breve que sea, tiene un costo en las ondas hertz o en las pantallas de la TV.

Particularmente el Panorama Informativo está inmerso en las trivias y en la promoción de los objetos milagrosos que lo curan y lo solucionan todo, además de manera efectiva. No sé si el atento lector que escucha (si lo escucha) el programa mencionado se ha detenido en este detalle estéril pero siniestro de guiños insultantes para las familias mexicanas. Estuve explorando el fenómeno porque estoy asesorado una tesis sobre diseño de muestras farmacéuticas. Ya eliminé varias imágenes situacionales de naturalezas muertas y nubes suspendidas entre cajitas de cartón que contienen analgésicos al mayoreo. En su lugar dejé una ilustración de un dibujante canadiense muy parecido a una lámina de Tests de Apercepción Temática en la que un hombre se oprime la nuca sentado a la orilla de la cama. Más apropiada, pienso.

Entonces he incursionado en las redes y en la programación de radio y televisión y si así fuera la vida pues entonces ¿cuáles o de dónde los problemas?

Retorno: he dicho promociones insultantes para una familia que encuentra los días sin qué llevarse a la boca.

Oigan este fragmento: "Oye, debes de saber que alguien que no duerme sus ocho horas diarias tiende a volverse neurótico, violento, incapaz de soportar a sus allegados". Responde el conductor al Patiño: "Deja de eso, ¿no los has visto en las calles distraídos llevando los ojos de los mapaches?". Entra la dulce voz de la vendedora: "Hay una solución por fin para que usted pueda dormir en paz, tenemos estas almohadas que no acumulan los microscópicos ácaros y que se acomodan bien a su posición". El Patiño: "¿Y pueden lavarse?" La voz dulce de mujer de canción de Antonio Badú: "Claro, en una lavadora común y corriente lo puede hacer. Miren, los primeros veinte en llamar se llevarán gratis una almohada de regalo y no sólo eso, si no le funciona le regresamos su dinero..." Un largo etcétera.

Entonces no tardan en dar los costos.

Y uno dice con eso me compro más de la mitad de las almohadas de los almacenes Aurrerá. Y uno piensa, tal como lo han hecho creer desde la más temprana infancia, que no duermen quienes tienen la conciencia intranquila. Pero no, son los que más duermen gozando de impunidades y prebendas.

De todo esto me serviré para concluir la asesoría de la tesis pendiente, no sin antes hacerle ver al expositor del tema que se centre bien en lo que anota y en sus fuentes informativas, que busque bien marcas de laboratorios, tintas, fondos y lo que venga.

"Deja a un lado las almohadas milagrosas, esas sólo se ofertan para que haya gente que esté convencida de que sí podrá dejar los fármacos para dormir pese a tener la conciencia repleta de gravámenes".

jgsampe@me.com

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