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Sábado , 26.05.2018 / 11:14 Hoy

Paisajes de la memoria

Anecdotario libresco

Juan Gerardo Sampedro

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Tuve que deshacerme de miles de cosas que, simplemente, ya no necesitaba aquí conmigo. Sigo de necio con la idea de mirar al futuro corriendo los velos. A veces da buenos resultados. Alejado de muchas circunstancias que, en definitiva, me aburren en demasía, he hallado un poco de tranquilidad: no requiero de ansiolíticos o de medicamentos que regulan el ritmo cardiaco como el Tenormín.

Soy poco dado a meterme a las páginas electrónicas: lo hago a veces por emergencia pura. Como en la fonda más próxima y requiero de tan poco que no tengo necesidad, por ejemplo, de extenderle la mano a ningún burocratilla cultural; ni siquiera al director de la escuela primaria rural en la que laboro. Como dijo Machado: Scon mi dinero pago / el traje que me cubre y la mansión que habito / el pan que me alimenta / el lecho en donde yago”.

Entre otras cosas de las que me desprendí, había una incompleta colección de revistas. Nunca he hecho colecciones así porque serían interminables y además el espacio nunca sería suficiente. Hay nombres de ediciones que sólo han llegado a tres números y no han circulado más allá de alguna facultad o se han reciclado o se han quedado en los almacenes. Otras están pensadas para regalarse por instituciones educativas o gubernamentales, etcétera.

Pero le dije a un librero de antiguo que se las llevara. Me hizo un favor. No pasaron tres días cuando me llamó para decirme que una persona se interesaba, a través de una popular página electrónica, en ellas y que todavía habiéndoles aclarado que no estaba completa la colección querían revisarla. “Pues ya no son mías sino tuyas y debes hacer lo que te dé la gana”, le dije.

No le estaban ofreciendo los millones de pesos, claro está: eso no vale mucho.

Me sorprende lo electrónico a pesar de mi resistencia a echar mano de esos recursos.

Me voy a mudar pronto de casa y de ciudad y es más fácil comprar cosas nuevas que pagar una abusiva mudanza.

He apartado mis discos de Serrat, de Dean Martin, de Gloria Lasso y de las grandes bandas que han hecho historia. Debo decir que tengo mi muy modesta biblioteca que he pensado donar a una junta auxiliar, en eso me hallo ocupado bajo la asesoría de un notario público. A mi amigo librero de antiguo le dejaré algunos volúmenes, yo me llevo unos pocos más. Eso sí, seguiré enviándoles mis notas si no los aburro, amables lectores.

En Oviedo las tardes corren más lentas que del otro lado. Allá he de releer, además, a mis clásicos como a Juan Valera y a Miguel de Unamuno, nada me hará más dichoso bajo ese cielo azul y lejano que cruzan los vencejos en bandada.

jgsampe@yahoo.com.mx

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