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Sábado , 20.10.2018 / 01:54 Hoy

Paisajes de la memoria

A desalambrar (Daniel Viglietti)

Juan Gerardo Sampedro

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(Texto dedicado a mi alma gemela Ángela Bellanira, en estos momentos)

El lunes 30, hace muy pocos días, murió una de las voces más emblemáticas y comprometidas con un verdadero pensamiento humanista y democrático: el cantante uruguayo Daniel Viglietti. Nacido en Montevideo hacia 1939, Viglietti dejó de existir tras la complicación de una intervención quirúrgica. Luego de su destierro político en 1972, se refugió en Argentina y en Paris. Regreso a Uruguay para quedarse ahí, en Montevideo, la tierra que lo vio crecer.

Lo cierto es que una generación de jóvenes latinoamericanos nos formamos en las lecturas de los grandes pensadores de izquierda y en cierto tipo de música que en sus letras iban hacia esos temas. Es verdad: creímos que el mundo y la vida cambiarían. Entre Violeta Parra, Víctor Jara, Óscar Chávez y Alfredo Zitarrosa, aparece también el nombre de Daniel Viglietti.

Que muchos de aquellos jóvenes de la época que presumían su mezclilla, su melena y sus proletarios “faritos” hayan cambiado su manera de actuar y de pensar ha sido inevitable. Sin embargo, desde entonces el olfato los guío. Pero para mí, empedernido utópico, no ha cambiado nada. Y mucho aprendí de Viglietti: “Canción para el hombre nuevo”, “Hombres de nuestra tierra”, y tantas más no hacen más que traerme una toma de tierra por marginados campesinos o alguna manifestación universitaria en las céntricas calles de mediados de los setentas, tan agitados, tan herencia del 68.

En especial tengo muy presente “A desalambrar”, una canción que dio la vuelta por toda Latinoamérica. Hasta el final Daniel Viglietti fue consecuente con él mismo: “Yo pregunto a los presentes/ si no se han puesto a pensar/ que esta tierra no es de nosotros/ y no de quien tiende más/ A desalambrar (...) / que esta tierra es nuestra de tuya y de aquél/ de Pedro y María/ de Juan y Jose”.

Lo suyo fue la música: su madre la pianista Lyda Indart y su padre el guitarrista Cédar Viglietti. Ya en los años sesentas se entregó a la música popular. Fue (como Violeta Parra), un activista de las luchas populares: autor, compositor, docente. Preso durante el golpe militar tan en boga en esos años en el Cono Sur, se hizo una campaña para su liberación encabezada por Jean Paul Sartre y Julio Cortázar.

Siempre en contra de las dictaduras, regreso a su patria en 1984 cuando interpretó las letras de Mario Benedetti. Entre sus composiciones más conocidas están “Canción para mi América”, “Milonga de andar lejos” y “Gurisito”.

Murió Viglietti. Nos queda aún la tarea: a desalambrar.

jgsampe@me.com

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