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Domingo , 23.09.2018 / 07:51 Hoy

Sin coincidencias

Sacrificar para lograr en la historia

Juan Gabriel Valencia

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Un compás de espera. Del dos de diciembre de 2012 al 11 de agosto de 2014. 617 días de gobierno efectivo, sin contar los meses de la transición en los que se convinieron medidas de gobierno y arreglos legislativos. Para la historia es nada en tiempo. Para el ciudadano de a pie es una eternidad.

Un inmenso ciclo de reformas constitucionales y de leyes ordinarias que enmarcan las próximas décadas. Incluso, mucho más profundas que las realizadas por el sexenio de Carlos Salinas, quien cambió el papel comercial de México, primero en América del Norte y luego ante el mundo occidental; que modificó y más bien actualizó la laicidad de la vida política del país sin alterar la esencia del Estado mexicano; quien intentó, a la luz de la experiencia histórica, sin éxito, empezar a convertir a México en un inmenso mercado de tierras con las reformas al artículo 27 constitucional. Avances y retrocesos. El partido gobernante avanzaba en paralelo.

Un proyecto eminentemente político de largo plazo, sustentado en proyectos económicos de largo plazo y en nuevas relaciones de poder que se vino abajo en dos meses y 23 días, entre el brote psicótico del subcomandante Marcos, la total esquizofrenia de Aburto y la caída en la confusión del presidente Salinas, en su manga ancha con Manuel Camacho, así como en las dudas y reservas respecto del sucesor que él mismo puso. En una decisión así no se puede dudar y uno se tiene que comprometer con ella a fondo. No fue así. Un sexenio de reformas que el presidente en turno se reservó para su pase personal a la historia, no sistémico y que derivó en graves errores técnico-administrativos del último semestre de su mandato.

Una lección: no bastan las reformas necesarias. Hay que dotarlas del aparato público y de las personas para que se conviertan en acto de gobierno y pervivan, para bien del país, a una administración sexenal que las ideó y tuvo la audacia de implantarlas.

Hoy México está en un compás de espera. ¿De esta fecha al primero de septiembre? El día del Informe Presidencial es imposible que el presidente de la República presente milagros para resolver situaciones adversas derivadas de doce años de gobiernos panistas, no de oposiciones panistas, que hoy pretenden blanquearse como oposición al respaldar y aprobar reformas favorables a quienes los impulsaron y financiaron durante más de medio siglo, hasta llevar al desastre de Fox y Calderón como gobiernos.

Han dicho los más altos funcionarios del gobierno, incluido el presidente de la República, que con estos 617 días concluyó el ciclo de reformas, 11 en total. Es un punto de vista altamente informado y autorizado. Yo no lo creo así. Si como bien han dicho los opositores, en lo inmediato el ciclo de reformas no incrementa el poder adquisitivo de la gente ni corrige el no gobierno de 12 años previos, vayamos por más reformas. Hablemos de un rediseño completo de la política pública hacia el campo, del alcance que tuvo la reforma energética. Retomemos uno de los mejores intereses de la época de López Portillo, que era la planeación, ordenación y programación de los asentamientos humanos, más ahora que empezarán a brotar como hongos conglomerados urbanos, resultado de la exploración y extracción de yacimientos no convencionales de hidrocarburos, como son el aceite y gas de lutitas, en lugares donde no hay nada. Es la nada. E insistiría, la administración pública mexicana en los tres órdenes de gobierno no está a la altura de las reformas recientemente aprobadas. No hay la preparación, la actitud, la probidad, el compromiso político con el trabajo. Una generalización así es extrema. Desde luego que hay excepciones que honran al país y a los servidores públicos. Son minoría.

El Congreso federal, las élites intelectuales del Ejecutivo federal y algunos partidos políticos con vocación empresarial e intereses económicos nacionales e internacionales que determinarán a largo plazo el crecimiento económico de México y la distribución de ese ingreso articularon una suerte de constelación coyuntural que permitió un conjunto de reformas que sobrepasan la capacidad de la administración pública y de su comprensión para el ciudadano común que espera legítimamente beneficios de las decisiones de gobierno. Si todo está en el mediano y largo plazo —y sin duda lo está para bien—, háganse las reformas que faltan, pero desde una retomada posición de adversarios. Los aliados de ocasión son eso.

valencia.juangabriel@gmail.com

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