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Jueves , 20.09.2018 / 02:32 Hoy

Sin coincidencias

Revisar al Poder Legislativo

Juan Gabriel Valencia

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La obsesión mexicana por la presunta omnipotencia presidencial ha llevado al descuido y desatención del modus operandi y funcionalidad democrática de los otros poderes constitutivos del gobierno. No solo en la quimera ignorante y cuando es posible, difamatoria, de “fue el Estado, fuera Peña”.

No, no siempre es el Estado, ni siquiera el gobierno en su sentido limitado a un régimen presidencial. No, cada vez ocurre con más frecuencia que los otros poderes constitutivos del gobierno no asumen los costos políticos de sus decisiones y, para ser más precisos, de sus formas de decidir.

El Poder Judicial en México es la auténtica caja negra del sistema político. Inmunes e intocables, el Poder Judicial ostenta una autoridad moral que, en el caso por caso, es válido poner en duda, no solo en materia penal, sino en todos los ámbitos de la judicialización, sea la materia civil, familiar, mercantil, administrativo, amparo, etcétera. Por desgracia, en una perspectiva histórica, el Ejecutivo ha carecido de la legitimidad necesaria para iniciar, legislativamente hablando, un proceso de reforma estructural siglo XXI al Poder Judicial mexicano. La excepción sería Zedillo, quien al comienzo de su mandato y en medio de una de las turbulencias de opinión pública más complejas de la época contemporánea, barrió con la integración de la Suprema Corte.

El Poder Legislativo, por igual, su funcionamiento y su actitud ante la democracia mexicana, deja mucho que desear. Durante las presidencias panistas, el priismo parlamentario tuvo la astucia, que no es sinónimo de inteligencia, de contener la ingenuidad panista del Ejecutivo frente al Congreso de la Unión. No había experiencia personal ni procedimientos y el propio priismo tocaba de oído sin dirigencias partidarias pertinentes. La selección de candidatos, piso mínimo de la integración congresional, era la resultante de voluntades de gobernadores acompañadas de la adecuada cantidad de dinero y del chantaje presente y a futuro de grupos de interés, con preferencias partidarias indistintas.

En ese trayecto el PAN no tuvo un generador de mensaje y de significados políticos en sus grupos parlamentarios. El PRI, mientras tanto, se refugió en la influencia y el privilegio a la espera de recuperar el poder. En su momento lo hizo sin cortapisas.

Con buenas razones y procedimientos heterodoxos se lograron las reformas estructurales. Había buenos argumentos en su defensa. Obviaron el trámite. Comenzaron siempre por el final: la aritmética de votaciones decide. El órgano deliberativo por excelencia se redujo a una trituradora de hechos consumados o silente, como la casa blanca, Iguala, la visita de Trump. Obsecuencia y mudez a cambio de posiciones ejecutivas para los liderazgos y dinero, mucho dinero.

Contra lo que opinan muchos, el Ejecutivo Federal ha sido acotado drásticamente. Mucho le serviría al régimen y al Presidente en turno que cuando el Legislativo tenga argumentos, así lo manifieste, como sí los había, sin necesidad de fast tracks en las recientes decisiones de la aprobación de los nombramientos del Ejecutivo y en la ampliación del mandato de los magistrados electorales.

valencia.juangabriel@gmail.com

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