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Martes , 18.09.2018 / 19:03 Hoy

Sin coincidencias

La ética de AMLO

Juan Gabriel Valencia

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Nunca ha habido una condena inequívoca de López Obrador al crimen y a su secuela de barbarie y violencia. Nunca se ha escuchado una palabra de aliento hacia las víctimas. Nunca en 18 años de presencia pública nacional. Jamás lo ha hecho. Son muchos años como para que se le considere una omisión casual o el error inevitable de un mal día. Hay consistencia en la omisión porque hay una doble convicción: una, que el crimen se explica en la fallida estrategia social de Estado. Otra, una segunda, de que las víctimas, actuales o potenciales, de la violencia y del salvajismo generalizado son un costo marginal ante la justificación de una forma de Estado diferente en que el estilo personal del liderazgo resuelva los problemas esenciales inherentes a la tarea de los poderes legalmente constituidos.

Por eso el ofrecimiento de la amnistía y las candidaturas de presuntos criminales, como Nestora Salgado, a cargos de elección popular que otorgan inmunidad judicial convertida, de hecho, en un intercambio de palabras, en la impunidad política.

La amnistía y el caso de Nestora Salgado son dos temas aparentemente no relacionados, pero van de la mano. En la opinión pública, léase en la imbecilidad promedio e incluso entre gente supuestamente pensante, se ha generalizado la idea de que, ante la falla técnica del ejercicio de la coacción pública, el Estado renuncie al principio de la coacción. Sostener algo distinto convierte al adversario en enemigo y al desacuerdo en traición al pueblo bueno.

No es así y menos cuando esa renuncia explícita es selectiva entre los fieles al redentor y los infieles que se instalan históricamente en una perspectiva liberal, un escepticismo razonable y una cierta prudencia ante la historia.

La amnistía se relaciona con el caso de Nestora Salgado porque son actos de purificación repentinos y súbitos. Desde hace años, por lo menos seis, está documentada la presunta responsabilidad criminal de la candidata a senadora de Morena. El líder tomó la decisión. Dejemos a un lado la cuestión de qué puede aportar a las tareas constitucionales del Senado una mexicoestadunidense adicta a las armas y los usos y costumbres. Eso para el líder es irrelevante y, por tanto, para la opinión pública. El punto central es que la candidatura de Nestora Salgado implica la redención y el olvido a cambio de obediencia ciega y de la construcción de un poder monolítico en torno, no a un régimen y a un país, sino a un aspirante confeso a monumentos y a consagraciones históricas de prócer. ¿Quién es mejor que los criminales de estas décadas y delincuentes sujetos a proceso como Nestora Salgado para garantizar la construcción de ese nuevo orden? Cuando habló del tigre en la Convención Bancaria lo traicionó el subconsciente. Fue veraz. A pesar de todo, siempre se agradece la verdad palmaria de un político.

Amnistía a los criminales y la candidatura de Nestora Salgado son el fiel reflejo del modelo lopezobradorista de una nueva ética pública. El proyecto ahí está, a la vista de todos. No hay engaño. ¿Quieren la amnistía a los criminales y a Nestora Salgado en el Senado? No duden ni un instante. Voten por AMLO y por Morena.

valencia.juangabriel@gmail.com

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