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Lunes , 28.05.2018 / 01:08 Hoy

Sin coincidencias

Ineptitud

Juan Gabriel Valencia

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Se han ofrecido diversas explicaciones al llamado mal humor social, casi todas bien fundadas, sobre todo aquellas relativas a la corrupción, a la impunidad, a la ausencia de razones públicas para decisiones igualmente públicas. En este último caso basta recordar la sólida argumentación del secretario Ruiz Esparza en defensa del tren rápido México-Querétaro y su inmediata cancelación, sin argumento; las dos cosas en manos del mismo personaje. Y luego se quejan de la falta de credibilidad. Pero el mal humor social también se relaciona con la ineptitud.

En lo que se refiere al Sistema Nacional Anticorrupción, es cierto que senadores panistas y perredistas desplegaron en fecha reciente toda su capacidad de chantaje, afectando no solo la aprobación de la normatividad en la materia, sino también otras iniciativas en temas totalmente ajenos, como la despenalización del uso terapéutico de la mariguana o el mando único policial. En la posposición de la discusión sobre el Sistema Nacional Anticorrupción, los opositores del PRI no están exentos de responsabilidad. Pero que tampoco el Senado priista se lave las manos.

La legislación anticorrupción la planteó el presidente electo desde el periodo de transición en septiembre de 2012, hace tres años y medio. No se trataba ni de 95 compromisos que después tendría el Pacto por México ni de las 13 reformas estructurales que habrían de ser aprobadas entre 2012 y 2014 ni de los compromisos suscritos en campaña, aquellos de "se los firmo y se los cumplo". Aquellas propuestas del proceso de transición eran solo tres y una de ellas era un nuevo cuerpo legislativo en materia anticorrupción. Los legisladores priistas tuvieron tres años y mayoría en ambas cámaras para sacar adelante esa propuesta. Tan solo en 2013, en 10 días, hicieron las reformas constitucionales más importantes en materia de energía y, al año siguiente, únicamente en una semana, consiguieron la aprobación de 14 leyes reglamentarias en la materia. Y ese es un tema que no contaba con un acuerdo social tan sólido y mayoritario como la necesidad de combatir la corrupción, pública o privada que para bailar tango hacen falta dos.

Pero no. Los tiempos, procedimientos, agenda, correlación de fuerzas, elecciones fueron pretexto y excusa para que el priismo postergara la legislación en el tema dando lugar a pensar, con fundamento de fama pública, que uno de los segmentos históricamente más corruptos del México contemporáneo está representado por algunos legisladores del Partido Revolucionario Institucional, fenómeno que no es privativo del partido gobernante. No hubo talento, capacidad negociadora ni esa dosis de desprendimiento que se requería en el abordaje de esta problemática.

Si el país ha podido esperar tres años y medio al cumplimiento de un compromiso, bien puede esperar cuatro hasta la realización de un periodo extraordinario. Eso es ineptitud, como si el incumplimiento de ese compromiso no hubiese sido coronado con el escándalo y sainete de la casa.

Ineptitud es que un alto funcionario de la PGR empañe con errores —en el mejor de los casos— la investigación judicial más acuciosa que haya realizado el gobierno del México contemporáneo en torno a los sucesos de Iguala y la muerte de los normalistas. Hoy el gobierno mexicano se investiga a sí mismo y se encuentra a la defensiva y acusado. Eso es ineptitud. Y no pasa nada.

valencia.juangabriel@gmail.com

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