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Viernes , 25.05.2018 / 18:39 Hoy

Sin coincidencias

Encuentro o desencuentro

Juan Gabriel Valencia

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A casi cuatro años de haber tomado posesión, el Presidente de la República se reúne públicamente con la élite del Partido Revolucionario Institucional que lo llevó al poder. Dado que la fecha de mañana no remite a nada memorioso en la historia del país y del partido, uno supondría que se trata del intento de un encuentro para plantear algo diferente.

En el presente del PRI, con toda crudeza, hay condiciones que están dadas, hoy, quién sabe si mañana. Hoy, el PRI no gana en 2018 la Presidencia de la República.

Plantear que ganar en el Estado de México abre el camino a la repetición del triunfo en 2012 es una puerta falsa. Si el PRI gana el Estado de México será la suma de un comportamiento inercial de un segmento duro, achicado en época reciente, junto a las divisiones y debilidades de sus rivales en la contienda electoral. Si el PRI gana el Estado de México, para 2018, en una elección de candidatos y no solo de partidos, el PRI no habrá ganado nada.

No hay manera de una recuperación económica del país en 2017. Los errores propios no tienen remedio, en particular la reforma fiscal de 2013, que sin duda permitió incrementar la recaudación a la vez que desalentó la producción, acentuó la desigualdad en el ingreso y aceleró artificialmente el consumo de sectores de población atrapados en el IVA, un impuesto selectivo y parcial, que si hubiese sido generalizado habría permitido una disminución del Impuesto Sobre la Renta y condiciones de competitividad fiscal que México necesitaría tener y no tendrá en la era de Donald Trump. Falta de crecimiento productivo y ausencia de competitividad fiscal. Bajo esas condiciones no hay manera de enfrentar los retos internos y externos de la economía mexicana en 2017.

La credibilidad está muerta o prófuga como en el caso de Javier Duarte y todo indica que Roberto Borge. Sumémosle las casas, así como las conductas y declaraciones erráticas desde la Presidencia de la República; la irritación, con objeto específico o sin él, está a flor de piel de la mayoría nacional. Remitámonos a cualquier encuesta.

¿Existen en el peñismo, en el gabinete, figuras capaces de asumir con competitividad la candidatura del PRI y después la Presidencia de la República? No lo sabemos. La estúpida legislación electoral que tenemos lo impide y se refuerza en las normas, usos y costumbres de un PRI que como directiva se niega a salir de las formas y prácticas del México de los años sesenta. Eso ya no puede ser y ahí está la vía del cambio.

Transformar los procedimientos internos de deliberación para el procesamiento de una candidatura fuerte y creíble depende en parte de una pronta Asamblea Nacional que modifique y adelante los tiempos de la nominación de un candidato. Ese hecho, aún sin cambios en la legislación federal, puede transformar el presente ánimo de rechazo y, sobre todo, de desconocimiento. No porque lo elija Peña Nieto será un buen candidato o podría ser un buen Presidente. Por esa vía, y solo por ella se construye afanosamente una derrota. El encuentro de mañana puede servir para dar a conocer algo distinto para el todavía partido gobernante o ser un desencuentro.

valencia.juangabriel@gmail.com

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