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Sábado , 18.08.2018 / 06:12 Hoy

Sin coincidencias

Elecciones estatales en marcha

Juan Gabriel Valencia

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La situación previa a los comicios de 2016 hace complejo el proceso de marcar tendencias estatales y, más aún, de hacer algún tipo de pronóstico.

Señalar que el contexto histórico reciente de imagen gubernamental, resultados económicos y preferencias del elector es determinante es una obviedad y en términos analíticos es una irrelevancia. Si a esa nos vamos, ¿qué fue más importante? ¿La grisura mediocre de seis años de Felipe Calderón o la casa blanca del jefe del Ejecutivo federal, para efectos de incidencia en la decisión ciudadana del próximo junio?

Del fracaso político estructural de Calderón quedan, con pertinencia electoral inmediata, las fisuras y fracturas, de las que él fue protagonista, dentro de su propio partido. El enfrentamiento con Madero, las traiciones de Ricardo Anaya al propio Madero, la corrupción del grupo de Madero, la chapodiputada, los moches, la derrota en la elección de 2012, las dos elecciones perdidas para la familia Calderón en Michoacán. Es muy difícil llegar a una contienda electoral abierta cuando dentro del propio partido hay una especie de referendo subyacente en torno a los liderazgos formales e históricos.

En el caso del PRI, tuvo cierto impulso de fortalecimiento con la llegada de Manlio Fabio Beltrones a la presidencia del partido, pese a que los pasillos indicaban que no contaba con la venia del Presidente de la República, jefe del Estado y jefe del partido. ¿Pesará el año aciago de 2014 y parte del 15? ¿Casablanca, tren chino, Malinalco, fuga del Chapo, exceso de expectativas ante las reformas estructurales?

Al PAN le favorecen los deslices de corrupción y arbitrariedad de los gobiernos priistas. Ya no como antes, pero sigue siendo una buena marca comercial. Del PRI puede decirse lo mismo. Casi todos los candidatos recientes del PRI a puestos de elección popular inician con un porcentaje de preferencia inferior al de aquella por el partido. En la mayoría de los casos, remontan marginalmente, a nivel de candidatos esa preferencia, pero no se mueven demasiado lejos de ella. El mejor ejemplo fue el de Ivonne Álvarez en Nuevo León, que comenzó su campaña con 25 por ciento de preferencias por el PRI y eso es lo que logró en el resultado final, derrotada dos a uno.

El PRD se partió con el registro de Morena. Así lo mostró en la elección federal de 2015 y esa situación no se modificará mayormente este año, si no es que se agrava.

Es muy arriesgado afirmar que la marca partidaria es más importante que la candidatura o viceversa, o que la coyuntura pesa más que el historial de problemas estructurales; o que la operación de tierra tiene mayor impacto que la mediática; o que el Presidente de la República del mismo partido influye a favor, en contra, que se meta a fondo o que mejor desaparezca. Es difícil saber si cuenta que en 2015 el ingreso per cápita del mexicano cayó casi 13% en términos reales, la más grave caída en ocho años, o si son determinantes de otro orden las que orientan el favor o el rechazo del elector o del abstencionista.

Por lo pronto, me atrevo a sugerir de cerca una hipótesis: en elecciones estatales de gobernador, a pesar de la experiencia reciente en Nuevo León, cuenta más la marca que el candidato y de esa forma la operación de tierra en su versión más saludable y hasta en la peor. En 2018, ya veremos.

valencia.juangabriel@gmail.com

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