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Domingo , 27.05.2018 / 05:37 Hoy

Sin coincidencias

El pasmo

Juan Gabriel Valencia

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“Fue el Estado”. Eso rezaba la manta expuesta en la tribuna de la Cámara de Diputados al tiempo que berreaba lo mismo en uso de la palabra una diputada de Movimiento Ciudadano. Una situación que en imagen y audio resume en buena medida, pero no en toda la medida, la situación del país, no solo en los últimos 35 días, sino en 35 semanas, décadas, siglos.

Fue el Estado. Es un reclamo a la abstracción y en concreto un llamado a que otro satisfaga lo imposible. A la historia no se le juzga, a pesar del lugar común del juicio de la historia, no se le procesa ni mucho menos se le sentencia. Se le investiga.

¿Fue el Estado el actor de los sucesos del 26 y 27 de septiembre en Iguala? Falso. Fueron grupúsculos de origen y localidades específicas con funciones y orígenes geográficos precisos, todos deleznables, todos con nombres y apellidos, quienes protagonizaron un hecho aberrante, uno más en una historia nacional abyecta y básicamente fracasada.

El 26 y 27 de septiembre, en horas de la noche y de la madrugada en Iguala no fue el Estado. Fue una sarta de aprendices de delincuentes y de criminales avezados quienes protagonizaron el oprobioso suceso. Uno más de nuestra amada patria. Ese día no fue el Estado. Fue una basura que ya está detenida; fueron unos hoy prófugos; fue un coludido ahora ex gobernador; fueron unos 43 desaparecidos que participaron de manera activa y protagónica en los acontecimientos y no para bien. Ese día no fue el Estado activo.

¿Fue el Estado como berreaba la diputada de Movimiento Ciudadano, partido que postuló a Ángel Aguirre y a José Luis Abarca? Sí. Sí fue el Estado. Antes y hoy. El Estado mexicano de Tijuana a Mérida y de Matamoros al Suchiate. Fue el Estado que no supo ni pudo en su incompetencia prevenir un proceso en el que el incidente del 26 y 27 de septiembre es solo una parte y punto de inflexión de ese proceso. Ese proceso se debió haber detenido mucho tiempo atrás. Desde la existencia misma en tiempos actuales de la Normal Rural de Ayotzinapa. Desde la candidatura traidora y corrupta de Ángel Aguirre. Desde la postulación de Abarca y su criminal cónyuge con el antecedente de sus dos hermanos asesinados por Arturo Beltrán Leyva con recado expreso de traidores. El Estado mexicano no supo ni en el sexenio de Calderón ni en este. Su inteligencia tenía otras prioridades y lo que es peor, en este noviembre de 2014, una organización disfuncional para prevenir el inicio de esos procesos que conducen a esos incidentes.

El Estado mexicano está mal hecho y da lugar a que se produzcan estos incidentes. De manera que ni el pasmo ni el duelo ni 10 mil efectivos en Guerrero resuelven el conflicto que está en las calles con miles de personas y en la cabeza y el enojo de millones. Los conflictos no se resuelven. No tienen solución. Se encauzan. Y el primer cauce es una revisión institucional, administrativa y decisoria. El país lleva más de 10 años con su juguetito de los controles de confianza en los que no se aprueban a los integrantes de fuerzas públicas para convertirlos, por default, en fuerzas privadas. Reclutar es más fácil en términos burocráticos que reeducar y capacitar. ¿Qué caso tiene tener 10 mil fuerzas federales en Guerrero si en el radio de una cuadra no saben dónde comprar un cigarro con su absoluto desconocimiento del terreno? Esa es la función de la policía de proximidad, la que le atañe y le preocupa al ciudadano de a pie, no dónde se está asoleando El Mayo Zambada o El Azul, o qué “grillita” se está cocinando en una cúpula burocrática o partidaria.

A 36 días de los hechos el Estado mexicano refleja que no tenía operacional una agenda de riesgos y que tampoco tenía la capacidad y, lo que es más grave, el poder para mantener sobre la mesa de la gestión gubernamental diaria y de la opinión pública una estructura de prioridades de interés nacional que por supuesto rebasan la gravedad episódica de los sucesos de Iguala.

Ante la información objetiva de sus representaciones diplomáticas en México, respecto del acortamiento de la gira internacional del Presidente, sus cancillerías quedarán perplejas o se morirán de la risa, según el ánimo del receptor. El Estado mexicano no está reaccionando a la altura de los objetivos que se planteó para este siglo. Acciones políticas, reconstrucción de cuadros, línea discursiva, decisiones punitivas y penales al más alto nivel, reagrupamiento de fuerzas, ejercicio de autoridad e implantación de un futuro, no cualquiera, que para eso fueron elegidos.

valencia.juangabriel@gmail.com

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